miércoles, septiembre 2 2026

La artesanía de un instante por -.Lia NCL.-

<<La artesanía es el latido del tiempo humano pues transcurre con los días, fluye con nosotros, se desgasta poco a poco>>

Octavio Paz.

Estoy sentada en una cafetería junto al frío cristal. Sobre la mesa, una botella de agua  y una bolsa de cóctel de frutos secos. Al otro lado, un grupo de muchachas de unos diecinueve años charla animadamente; una botella de agua pasa de una a otra, entre risas y gestos efusivos. A mi derecha, dos hombres afro de aspecto moderno y casual conversan acompañados por una joven hermosa. Podrían ser modelos, pienso, por su porte, su elegancia natural.

En la terraza, una maleta de color rojo permanece solitaria, ignorada por todos, incluso por los rateros que a veces merodean buscando oportunidades fáciles. Me distraigo un momento al ver pasar a una joven al otro lado del cristal. Tiene un abrigo largo blanco, de lana, que realza su figura. Su rostro refleja una tristeza desorientada. Se detiene, busca algo en los bolsillos, quizá su móvil. Los cláxones impacientes la envuelven en un ruido que parece hacerla más pequeña.

El bla bla de las conversaciones a mi alrededor es un murmullo incesante. Es curioso cómo, sin querer, podemos descubrir la vida de los demás: una ruptura reciente, unas vacaciones planeadas, una discusión sin resolver. De pronto, un acorde de guitarra me devuelve la atención. Busco con cierta ilusión al músico que rasga el aire con su melodía, pero no hay nadie. Solo es un politono, un timbre de llamada que se esfuma rápido.

Miro hacia la terraza y noto que la maleta roja ya no está. Me intriga su destino. Tantas incongruencias, tantas posibilidades: alguien volvió a por ella, o quizá alguien se la llevó por error, o con premeditación. Es como un billete de lotería cuyo número nunca sabremos.

El ir y venir de los viajeros me acompaña. Siento esa curiosidad que me lleva a imaginar sus historias: el hombre que revisa su reloj una y otra vez, la mujer que arrastra una maleta minúscula con paso decidido, la pareja que discute en silencio con gestos cortantes. Me pregunto qué les lleva a moverse, a cruzar esta estación que es, en el fondo, una narradora de historias.

Los trenes llegan y se marchan con la precisión de un reloj intestinal: llenos, vacíos, con su ruido acompasado y su olor característico. Es un fluir constante, como el de las conversaciones que me rodean, como el de mis propios pensamientos.

Una chispa de alegría irrumpe en el ambiente cuando un grupo de jóvenes empieza a reír. La estación, por un instante, se convierte en una fiesta efímera. Pero todo se detiene al cabo de un momento, como si la gravedad nos recordara que, pese a los sueños y las ilusiones, el suelo sigue bajo nuestros pies.

Me pregunto por qué vengo tanto a esta estación. Quizá porque es distinta cada día, porque me ofrece una mirada fugaz a tantas vidas, tantas historias inconclusas. Y aquí sigo, con mi botella de agua, mis frutos secos y mi imaginación a la deriva, mientras el próximo tren anuncia su llegada con un pitido seco que rompe, por un instante, el monótono murmullo de fondo.

@Lia NCL

@Imagen Pinterest


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