La tarde llora en mi sangre. Late en la cicatriz que la gime. Evaporada de flama mi lágrima, tan callada, se arrodilla. El mundo, sus apocalipsis. Lo efímero del día que claudica. Alienación. He de volver a mí. La noche me aguarda y en su Sombra intacta, resucitará el reflejo, su voz, la sapiencia. Beberé el silencio de las penumbras abriendo portales hacia el no tiempo mausoleo de intensas revelaciones. La ancestral bocanada que me mira vislumbrará atizadas vertientes océanos y ríos cristalinos embravecido viento declamándome libertaria. No soy esto que se pierde planeta no virtuoso de escafandras insolentes. Me niego allí. Muy dentro me abrigan prados montañas, firmamentos. Sueños. —ahí— donde el miedo, ha abonado a sus lacerantes espantos. Las manos vacías que me han temblado sucumben debilitadas frágiles y desoladas, caen vencidas ante los otros dedos cuando anuncian al sentir del alma. Levito. Soy palabra vertida necesidad de fuego sempiterno resplandor en la eternidad, finita. Despierto entre la niebla. El verbo, me ilumina. Soy espejo en su todo. Vibro, vuelo, renazco. Me invade la Sombra. De nuevo, hilandera en su luz.
Enviaseló a tus amigos:
- Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Compartir en Mastodon (Se abre en una ventana nueva) Mastodon
- Compartir en Bluesky (Se abre en una ventana nueva) Bluesky
- Más
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.