Vivimos en un mundo famélico;
hambriento de verdad y
saciado de vanidades y prejuicios.
Hoy, al débil de corazón
se le acomoda entre cojines de algodón
en lugar de mostrarle
cómo se blande una espada.
En ridícula burocracia,
la justicia sumida,
se atenta contra la razón,
se dota de amarga inconsciencia.
Se ensalza al vulgar ladrón
y condena al sabio erudito
por promulgar el pensamiento
y divulgar la palabra escrita.
Desdicha de tiempo presente
que retrasa y retrocede lo que fue.
Lunático mundo doliente,
ni padece ni presiente ni es.
@Laura Redondo
@Imagen Pinterest
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