sábado, abril 4 2026

«YO MUJER CON LAS LETRAS BIEN PUESTAS». POÉTICA DE GIOCONDA BELLI. Por Paula Barba del Pozo

Hablar de Gioconda Belli es como hacerlo de una parte de la historia reciente de Nicaragua y de la transformación de la mujer hispanoamericana desde finales del siglo XX. Subversiva en lo personal y en lo político, irrumpió con fuerza en el panorama poético nicaragüense de los 70 poniendo sobre la mesa la exaltación del cuerpo femenino y su propia celebración de ser mujer. Su carisma, sin embargo, no fue igual de bien recibido en un país fuertemente patriarcal y que por entonces permanecía bajo la dictadura de Anastasio Somoza, hecho que marcaría las convicciones políticas de una joven Gioconda que supo ya desde sus primeras poesías que escribir era una responsabilidad histórica. Desde entonces, la poesía de Belli se gestaría dentro de la transformación de su propia patria, la que ella afirma le ha afectado profundamente el cuerpo: su manera de pensar, de decir, de sentir. Gioconda, mujer y poeta revolucionaria, luchó desde la vida y la palabra por Nicaragua, el gran amor de su vida, y no se podría entender su poesía sin tener en cuenta el sentimiento de una patria siempre herida que la autora mantendrá, de diferentes maneras, hasta sus versos más actuales.

Recientemente leí una noticia en la que decía que Gioconda Belli había sido despojada de la nacionalidad nicaragüense por el actual presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, quien actualmente ejerce un autoritarismo férreo sobre el país y sus opositores que ha llevado a que medios internacionales lo identifiquen con el anterior dictador Somoza. De esta forma, me propuse traer aquí la figura de Gioconda, a quien creo le hace mucha justicia lo que Coronel Urtecho dijo de ella: es la Gioconda de América, incluso la Gioconda del mundo, pues la poesía de Belli abrió nuevos espacios que hoy continúan transformándose.

Desde sus primeros poemarios, Gioconda nos presenta el amor como fuerza y es que para ella este sentimiento lo atraviesa todo: la relación con el otro, su propio cuerpo e incluso el país. En ellos se hace patente la figura de la madre, motivo que recorrerá toda su obra. Lo maternal cambia y se desarrolla en Belli a medida que lo hace su pensamiento, de esta forma, vemos en una primera etapa la convivencia entre elementos provenientes de la vieja tradición (una madre que alimenta y que cuida, la madre-patria, en consonancia con el momento de tensión nicaragüense) junto con rasgos más puramente modernos (una madre que, además, protesta y se rebela). En El ojo de la mujer, antología poética que continua a su primera etapa, la maternidad se hace visible en imágenes que rozan lo que Kristeva calificaría como lo abyecto, pues se canta a la menstruación y al parto e incluso se emplean como recursos de intensificación de las emociones de la propia autora (pienso, por ejemplo, en los versos que dicen: “me duele como parto esta alegría”). Esta técnica atraviesa toda la obra de Belli, pues su principal característica es la corporeidad, la vivencia a través del cuerpo y este como catalizador de sus emociones. En otro orden de cosas, y sin alejarme de la explicación de la figura de la madre, quiero señalar que, desde mi punto de vista, se debe reconocer también en la autora la innovación que lleva a cabo al reescribir, bajo este pretexto, los grandes mitos de la tradición, empezando por la figura de Eva en la religión cristiana. Belli rescata a la madre primera, castigada por osada, precisamente con ser madre, uniendo este hecho al dolor (específicamente en el parto). Gioconda se niega a acatar esta visión condenatoria de la maternidad y celebra su deseo maternal, lo reinterpreta e interpela con ello a siglos de devaluación. La poesía de esta autora, además, recupera la tradición femenina anterior, ya que es consciente de sus experiencias sesgadas como autoras en un canon principalmente masculino. Desde esta perspectiva marcadamente feminista, también se cuestiona el concepto de “mujer” y se burla con ironía de los imposibles estereotipos impuestos a su condición, así como reivindica el cuerpo en la vejez y el derecho a vivir en cualquier edad.

Gioconda, en definitiva, es muchas veces ella, pues dentro de su poesía se comprenden e interrelacionan muchos yoes distintos: un yo fisiológico, con un cuerpo marcado que pone en juego las relaciones biología y cultura para repensarlas; un yo naturaleza, siendo tratada la mujer en relación con ella; un yo bíblico, retomando el papel de la Eva primigenia; un yo mítico, en constante relación con el universo; un yo histórico, pues narra la historia de su país en primera persona; y un yo político, que va desde el más marcado sandinismo hasta el puro posicionamiento feminista.

Su poesía debe ser concebida como una celebración de ser mujer; ella bendice su sexo y crea una fiesta a la que invita también a unirse al otro. Pero, sobre todo, la poesía de Gioconda Belli tiene como clímax el hecho de transgredir desde su experiencia individual a una experiencia universal. De esta forma, cuando la leemos nos identificamos con ella y con el sujeto femenino empoderado que desprende. La obra de Belli es autobiográfica, sí, y grandes autores como Urtecho han hablado de ella en términos de “vivemas”, es decir, pequeños momentos de vida de los que está formada, pero el lector y la lectora no pueden evitar recrearse en sus versos y confirmar que la vida a veces no alcanza para expresarnos, por eso elegimos la poesía para interpretar(nos).


 

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es img_0727.jpegPaula Barba del Pozo (Villablino, León. 2002).


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