Vecinos de la acera
Tal vez representen la encarnación del chantaje epistolar, perdón de las miradas. ¡O a lo sumo un sonido inescrutable -un grrr! Otras veces una pareja amable que se persigna y esquiva mi bolsa de basura que va a rematar la Humanidad, con más intercambio de rábanos, verduras, compresas y latas de cola. Una vez atraviesan por mi lado, ellos murmuran, yo me limpio el mal aliento.
Vecinos con alambrada
Son los que despavoridos ponen la tele detrás de su sarcófago de cemento. O tocan el piano veinte mil veces y ochenta y tantas lo sellan de cultura al decir: “en casa somos listos”. En esta misma separación situaremos a lo que construyen muros como el de Berlín, donde es imposible que podamos saber si allí aman o resoplan a la hora del sexo.
Vecinos de pijama o dulces doncellas
Los hay de músculos peinados para dar un sabor de machito que ha dejado la cafeína y le ha sustituido por el bote de complemento alimenticio-muscular. Se atragantan de platos para ver crecer sus hormonas y reducir sus feminidades. Y las doncellas marcan el paso de la mini- mini en verano y se sumergen en un canto a la sensualidad para atrapar al vecino en las redes de la masturbación. A ellas y ellos podríamos titularlos: genitales. >siempre atentan contra la moral y nacen prototipos de belleza>
Vecinos pringados
Ni altos ni bajos, mastican chicle, o se dejan barba, ven tele 5 o mordisquean el pan sin miedo. Han descubierto que pelearse con su mujer a horas del sándwich sexual es lo que le trae a la vida. En otros momentos, se ponen a regar hasta que el agua de la ciudad desaparece por su tubo, que es la prolongación de sus ilusiones de control del vecindario. ¿Miran o riegan?
Vecinos desaparecidos
Que han muerto ayer y les lloramos hoy. Aparecen tan exquisitos como una suprema de pollo –y les despedimos. Hasta lloramos, y si su viuda es joven y presentable anudamos historias de posibles soluciones ante tanto expreso de Medianoche desbocado. Incluiremos aquí: “a los clásicos que se fueron a comprar tabaco y jamás regresaron”
Vecinos con problemas físicos
Con dolores, calambres, sueños atravesados. Ellas con pastillas de 4 cajas y bronceado de estación de Renfe. Da igual si están de camino a urgencias o respiran de un atracón de dolor de espalda. Están, casi que diríamos, sin ellos los señores de la Seguridad Social llamarían por teléfono para pedirnos cita, aburridos de esta ausencia que nosotros soportamos en nuestro bloque de pisos.
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