sábado, junio 20 2026

Sencillamente, amor por Inmaculada Campos

Cuando Fabian cerró la puerta tras de sí para iniciar otro de sus viajes como fotógrafo de naturaleza,
me quedé unos instantes más allí, plantada, sola, sin atreverme a moverme con mi camisón arrugado
y mis cabellos errantes sin dirección definida.

Me quedé aspirando el ligero aroma a su perfume que flotaba todavía en el aire, una mezcla de
almizcle, cedro y lima que me enajenaba.

Fabian iba a estar fuera dos meses y sin embargo, en unos breves instantes, el rastro que de él quedaba a mi alrededor se iría diluyendo poco a poco y sería entonces la imaginación y mi piel los
que lo deberían traer de nuevo hacia mí.

Me refugié en las ya frías sabanas buscándole. Me costaba mucho acostumbrarme a sus ausencias
prolongadas . Poco me aliviaba el trabajo en el departamento de moda de unos grandes almacenes y
además tenia por delante 15 días de vacaciones que no sabia como iba a llenarlos sin él.

Cerré los ojos y recordé las risas que compartimos, mientras buscamos el futuro nombre del gatito
que en pocos días nos iba a entregar la protectora en la que lo habíamos adoptado. Me dejó ganar
como casi siempre y acordamos que se llamaría “Misifú”

Recordé también su mano enlazada con la mía mientras los dos mirábamos al techo en el que se
iban proyectando como fantasmas las luces de los coches que pasaban por la calle, cada uno perdido
en sus pensamientos. Él seguramente programando en su cabeza las etapas del viaje y del trabajo,
yo tratando de programar y entender mis días sin su presencia.

Nos enzarzamos después en un equilibrio de pesos, estudiando su peso sobre el mío o el mío sobre el suyo y varias veces viceversa, alternando con los sueños donde no existen las distancias. Hasta que la desagradable voz de un despertador incontestable derribaba las murallas del reposo y nos devolvía de golpe a la realidad.

Me sacudí la pereza, deje escapar mi tristeza entre el agua y el jabón de la ducha, me dope con cafeína y aspiré, aspiré, aspiré, hasta que en mi alma se restableció una alegría esperanzadora. Coloqué mi cabello en su lugar, devolví al espejo un aspecto agradable, levanté los brazos tintinee las pulseras, me coloque unos zarcillos y salí al sol, a la calle y busque en el cielo la estela del avión que se llevaba a Fabian a Bombay. Me hubiera gustado como en la canción, irme a Hawai para estar en otro paraíso, pero hube de conformarme con un suave Mediterráneo susurrante.

Y allí estaba yo, en la orilla de mi mar, los dos nos hacíamos compañía mutuamente. Yo con mi gran sombrero de paja y un libro de poemas, él con miles de luciérnagas brillando sobre su superficie. Mis pies jugando en el agua, mis dedos dibujando corazones en la arena, las horas escurriéndose sobre mi lentamente, una tras otra.

En la cuesta final del día el teléfono sonó. Era Fabian, el corazón saltó en el pecho, era amor, simplemente amor.

Descolgué.

@Inmaculada Campos

@Imagen Pinterest


Descubre más desde Masticadores

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Descubre más desde Masticadores

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Descubre más desde Masticadores

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo