Ayer compré un libro usado con extrañas leyendas, garabatos en los márgenes de ajadas páginas por la humedad, nombres de remotas ciudades olvidadas, números de teléfono en las esquinas carcomidas, enigmáticos mensajes en clave y símbolos geométricos de civilizaciones desconocidas para mí. Hoy el viejo librero de la casa de antigüedades donde lo adquirí, me llamo por teléfono cuando el atardecer ya era una realidad en mi ventana para preguntarme si todavía tenía el libro porque una mujer muy hermosa había pasado preguntando por él y ofrecía el triple de su valor para obtenerlo.
Me pareció extraño que el viejo de la librería de antigüedades tenga mi número de teléfono, aunque recuerdo vagamente sin estar plenamente seguro, que una vez se lo di ante su insistencia, pero ese recuerdo ahora estaba cubierto por un manto de niebla que solo las dudas podían transmitir.
Algo importante debía contener el libro, parecía a simple vista un plan para reunir gente o tal vez para matar a alguien que viaja mucho a través del tiempo. Le dije que lo había regalado a una amiga, pero el librero sabía que yo no regalaba libros usados por más azaroso que sea el hallazgo literario que pudiese encontrar.
El viejo colgó el teléfono, cortando la comunicación con la frialdad de un detective, como si la librería de antigüedades fuese solo una fachada de una organización secreta. Incluso se hallaba en los altos de una casa centenaria de dos pisos que el común de la gente presumía abandonada y se accedía por una puerta negra sin numeración, luego de atravesar una serie de extraños pasadizos circulares, como un incierto laberinto giratorio de paredes repletas de libros desterrados, prohibidos y vedados a los ojos de un dios falso llamado Sultanino, ese capitán de ultramar sin faro. A la noche, una mujer de voz sensual me llamó por teléfono preguntando por el libro para comprármelo, si nos podíamos encontrar en el bar de la esquina, la cifra que me ofreció hubiera hecho temblar a un banquero primero, y tartamudear después una respuesta.
Pero mantuve la compostura y la dignidad y colgué el teléfono sin contestar. Al instante el
ring ring del aparato volvió a sonar como un disparo, como una advertencia de que no tenía escapatoria, atrapado por el destino debía aceptar la propuesta. Negocié con firmeza dos semanas para venderlo, porque lo quería leer antes de entregarlo. La mujer de voz sensual aceptó de mala gana pero me advirtió que a partir de ahora, no podía hacer otra cosa que leer el libro, que me cortaría el gas, el teléfono, la luz y me vigilaría hasta en los techos. Tal vez sabía que fui un soldado.
Las semanas pasaron rápido devorando mis reservas de alimentos, leyendo el libro, anotando el nombre de las ciudades, los mensajes en clave a dilucidar, los extraños números de teléfono, los nombres de mujeres como Magdalena, Victoria, Alondra, Bárbara, Jazmín, Brenda, Carmín, pero nada me decían y nada recordaba, pero me dieron fuerzas para escribir una novela magistral dónde todo ocurría y todo era posible, escribí sin pausas, sólo comía en breves intervalos para seguir escribiendo entre el sueño y la fiebre de la ansiedad.
Cuando el tiempo llegó a su fin, comenzó a llover y la puerta se abrió sola, tal vez empujada levemente por el viento de la tormenta y bajé las escaleras corriendo antes que se cierre y encontré una pequeña esquela en el zaguán…
» Ven al bar de la esquina pero deja el libro en la casa, sólo tú y esa alma de escritor que tienes »
Cuando llegué al bar, estaba vacío en sus mesas pero el encargado de la barra me dijo que una mujer demasiado hermosa, había estado escribiendo contra la ventana de la calle, que recién se había marchado.
Cuándo salí del bar ya no había nadie bajo la lluvia de la soledad. Volví a la casa y el libro había desaparecido y cuando el teléfono empezó a sonar otra vez, comenzó a dolerme una mujer en todo el cuerpo.
@Jesús María Cello
Enviaseló a tus amigos:
- Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Compartir en Mastodon (Se abre en una ventana nueva) Mastodon
- Compartir en Bluesky (Se abre en una ventana nueva) Bluesky
- Más
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.