Puede ser por Carlos Cubeiro

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La luz del sol se iba diluyendo en el horizonte, se iba transformando en polvo brillante estrellado. La luna se había olvidado de salir y la noche era más y más negra a cada minuto. Nada ni nadie la iluminaba, hasta las farolas de las calles estaban silenciadas y sin luz, ninguna luz se reflejaba en el negro asfalto. Los supermercados estaban cerrados y más de una tienda vacía ya de comestibles.

No había noticias porque las televisiones no funcionan sin corriente eléctrica. Solo algunas emisoras de radio emitían breves comunicados a los transistores a pilas. Hablaban de un apagón a nivel terráqueo sin precedentes. El mundo entero se había quedado en silencio y en la más absoluta oscuridad. Hasta las emisoras de radio enmudecieron por completo. Una hora, dos, diez. Pasadas treinta y seis horas y media el mundo seguía en tinieblas. Las reservas de alimentos perecederos y de larga caducidad también se iban agotando.

Los estómagos era lo único que se escuchaba cuando las pilas de las linternas se agotaban y ya no eran capaces de dar ni un hilo de luz. En ese instante tan crítico, en cada habitación de cada casa, en cada rincón del planeta y sobre las cabezas de todos comenzaron a dibujarse una especie de aros
luminosos con una potente luz central. De todos ellos salía un haz vertical de un azul intenso. Como si se tratara de un ascensor, bajaban por él unos seres diminutos de color negro con puntos muy brillantes. Seres que podían comunicarse en el idioma del lugar dónde estuvieran en ese momento usando código morse a través de las farolas y otros aparatos luminosos. Así y de repente todo punto de luz comenzó a parpadear, a emitir mensajes por éste viejo sistema. En los escaparates, en las chapas de metal, en los espejos de las viviendas se iban leyendo lo que aquellos recién llegados pretendían decirnos a todos los humanos a la vez.

“ Puede ser que vengamos en un futuro próximo. Vuestro planeta es un lugar ideal para nosotros, pero no con vosotros. Solo dejaremos vivos a los animales y a las plantas para poder sobrevivir. Hemos avisado”.

Tras este breve mensaje las farolas de las calles se encendieron, a las casas también regresó la luz como si nada hubiera pasado. La luna iluminó la noche en compañía de las estrellas, pero nada resultó ser igual que antes. Nadie recordaba lo que había pasado, ni el apagón, ni la falta de noticias, ni siquiera el hambre por la falta de alimentos. A todos les quedó grabado en la mente y para siempre las dos primeras palabras de la misiva, las que no les permitirían dormir en paz.

“ Puede ser”.

@Carlos B. Cubeiro

@Imagen Pinterest


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