Casi nonagenario,
-después de quince años de ceguera-
la evocación a tientas del pasado
equivale en mi padre
a resistencia.
Colecciona el presente
amargas muecas,
una cronología derruida
de terapias y síntomas
que ignora el leve tacto, flor del almendro.
Mi sedentaria angustia
a cuerpo limpio
no deja de pensar en cómo observa
aquello que no ve.
Con sonrisa serena
clarifica detalles
que debieron ser ciertos
y yo escucho sonámbulo;
lo que narra sucede
más allá de mis muros.
Todo pasó; no importa
si es materia verbal
o la estricta verdad le contradice.
La forzada negrura
posiciona en un mapa
imágenes ilesas.
Con luz antigua emerge
ese tacto efectivo
que gira el pasaporte
para abrir desde dentro
la puerta infranqueable.
@José Luis Morante
(Ninguna parte, 2013)
@Imagen Pinterest
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