Nubes grises, oscuras de acero
cerca, muy cerca
rompen y llueve
cómo si cántaros de agua cayeran del cielo.
Los árboles, los arbustos,
las farolas y los carteles
todos se mueven, se desarman
partidos al medio,
partidos en siete añicos van cuesta abajo.
Los lleva el agua como ríos,
los lleva el viento huracanado
vuelan y chocan en el aire
con mil paraguas sin rumbo, sin dueño.
Las hojas ocres se dejan llevar por el aire,
y se pegan como lapas a los cristales mojados.
No se ve la torre
no se ve el faro,
ni sus destellos que guían a los barcos.
Llegan a puerto subidos en una ola,
los trae una ola gigante.
Ni motores, ni velas,
los empuja el aire.
La lluvia, el granizo
¡ Qué frio!
Ayer volé con mi paraguas de rayas
Y hoy…
hoy he aterrizado frente a la puerta
para escuchar unos versos,
tal vez, un relato y mil historias.
Aterricé hoy con mi paraguas de rayas
con estos versos bajo el brazo
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