Ya despierto, espera unos minutos para abrir los ojos. Esta noche, en la minuciosa paciencia del sueño, ha crecido en el jardín una secuoya. Se despereza de inmediato y sale alborozado a la terraza de la casa, donde parpadea con emoción. La enorme arquitectura vegetal está allí y su sombra recubre casi a todo el edificio. Da un par de vueltas al imponente tronco, contemplando la corteza. Poco después escucha el ruido de un pensamiento práctico: tal vez sea mejor que la próxima noche sueñe con arbustos.
@José Luis Morante
(Cuentos mínimos)
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