Me daba miedo el silencio,
la falta de un cuerpo al lado,
la cama fría
y las preguntas que no sabía responder.
Estaba acostumbrada a ser dos,
a moldear mis pasos
para no pisar los suyos,
a medir mis deseos
en equilibrio con otros ojos.
Pero ahora camino sola,
y el mundo se siente más grande,
más extraño.
Me pregunto quién soy
cuando no hay nadie a quien complacer,
y descubro que también sé bailar
sin ser mirada,
reír sin esperar aplausos,
vivir por el simple hecho de vivir.
El miedo no es estar sola,
el miedo es no saber ser una.
Y aquí estoy,
con mis manos vacías
y el corazón lleno de promesas.
Promesas para mí.
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