domingo, septiembre 13 2026

Cabildo y juramento.- Crónica por Jesús Cello

Escuché su voz como un susurro y tuve la frágil sospecha que se había mudado a vivir dentro de mis sagrados misterios, en los infinitos e intrincados espacios de mis sueños.
Pensé en ella toda la mañana mientras escribía a veces con temor porque escribir no es para todos, por eso siempre somos tan pocos los que nos atrevemos a desafiar al tiempo. Yo sentía que ella guiaba mi mano de una manera hermosamente extraña, impidiéndome abandonar.
» Escribe para mí «, escuché a entender su orden con nitidez mientras su voz viajaba desde lejos y se dormía dentro de mi mano. Sentí otra vez la conmoción de su increíble mirada, de sus ojos de miel color del tiempo que avergonzaron al atardecer. La vi alejarse con una sonrisa cruel que me condenaba a la lenta tortura de la espera.
Por la noche volvió a esconderse dentro de mis sueños y seguimos así hablando en silencio durante largos siglos sin palabras pero en la misma frecuencia de la distancia, sólo estábamos armados de escasos recuerdos, de efímeras sensaciones que nos gritaban bajo la piel. Así fue que inventamos un idioma, un código secreto, un libro loco de certezas e incertidumbres.
Ella fue mi fusil de flores sin balas, mi biblioteca perdida en el desierto azul del drama, mi colección privada de románticas frustraciones. Me dio una señal dentro del sueño, me dijo que estaría a las tres de la tarde en la esquina de Cabildo y Juramento y al despertar, la fiebre enfermiza del amor me incendiaba el corazón abriéndome las puertas del infierno. Y como un tonto hipnotizado por la ilusión fui al encuentro con la resignación de los condenados. El mar de fantasmas que llamamos gente me rodeaba por todas partes entre el tráfico y los gritos desordenados, maldiciendo una y otra vez todos los relojes del mundo, malditos carceleros del tiempo.
Hasta que la vi y no era un sueño aunque su belleza me lo gritara en la cara, caminando con la decisión de un soldado en el frente de batalla.
» Sólo me verás en tus sueños, solo conversaremos ahí, en otra dimensión, lejos de todos, en una cárcel de cristal con pájaros que tienen alas de acero.
Al despertar quería dormir otra vez tan solo para volver a verla, es increíble que solo me bastara cerrar los ojos para poder sentir el rayo verde de sus pupilas abiertas que me rozan el alma. Nuestro silencio y nuestra ausencia ya es un idioma clandestino que no se quiebra con palabras, puedo verla con la mente en cualquier momento, donde vive nuestro amor en Cabildo y Juramento.
@Jesús María Cello.

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