A Mary Rommely,
a quien se debe que “un árbol crezca en Brooklyn”
Un sueño y
los sueños,
sueños son.
Pero en algunas noches
desterrada a alguna isla remota
tú eres balsámica tabla de náufrago,
mi escondido secreto,
un pequeño reposo
que altera mi rutina doméstica
aunque tú no lo sepas.
Tú sólo has sido un sueño
no sólo porque esta realidad
abofetee con rabia mis mejillas
sino al desvanecerte al despertar.
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