Masticar la rabia y saborearla.
Escupirla cuando nadie mira.
Aguantar por siglos de estupidez humana,
resumirla en una sombra que se estira.
Tocar el dolor de mi costado
como si el hambre de sus colmillos
me siguiera devorando las costillas.
Paladear la misma ira,
mirar a cada duda sin rencores,
elegir a cuál mataré esta noche.
Pero no…
Camino descalza sobre brasas
avivadas por los vientos del delirio.
Aguantar el dolor es el camino.
Con el calor de sus rescoldos
he sacado las balas de mi pecho,
(menos una, que llevaba tu nombre).
Me distraigo con el zumbido de la cafetera,
vuelvo a morir por fuera
(eso siempre se nota por dentro).
Quiero escribir en la pared de algún baño
que hoy me siento deshabitada,
y escribo que te quiero como aquel invierno
en el que nadie más tenía mantas.
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