“ Al río que todo arranca
lo llaman violento, pero
nadie llama violento al
lecho que lo oprime.”
(Bertolt Brecht)
La protesta obrera no es una fiesta,
no es un silbato machacón,
ni unas siglas sobre la pancarta,
ni un pañuelo rojo, ni una canción,
ni una soflama con latiguillos;
es la tajada de nuestra sombra,
la encelada causa común
para dejar de sonreír en la foto,
airear el rostro al futuro
venteando el presente;
es nombrarse fuera del cobijo
aun partiendo los cielos,
descabalgar de la apariencia
y patear el humo de los pies;
es ser cómplice del sinsabor ajeno
allá donde el látigo restalle.
No es delito, no es mancha,
ni orzuelo para el asentado,
ni equis para el eventual,
ni juerga, ni atajo,
ni olla, ni collar;
es salir de lo oscuro y lucir dignidad,
cruzar la espalda y decir no
al eco de todas las gargantas;
es plantarse y mudar el rictus,
ensoñarse entre el lodo,
embestir con un cuerno de la Luna;
es masticar el polvo orgullosos,
es, definitivamente, la acción
con lo que decimos embravecidos
@Kabalcanty
@Imagen Pinterest
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