domingo, junio 14 2026

2001 by Santiago Angarita

Cuando me cuidó la mamá de mi abuela, me dio una salchicha cruda. Fascinado, esperé en una habitación antigua, tan antigua como la casa misma: un espejo alto, un baúl. Recuerdo la presencia de alguien más, pero no su rostro, ni su nombre. Cuando veo al pasado tengo la sensación de recordarme consciente, prevenido, con cierta malicia cobijada por una imaginación inquieta. Sabía de lo malo estando muy lejos de probarlo. Sabía de la muerte estando muy lejos de afrontarla.

Cuando Katy Perry estrenaba I Kissed a Girl en La Mega, yo tenía un Nokia rojo con blanco. Y mientras escuchaba la radio y miraba por la ventana pequeña del viejo portón que hace rato reemplazaron, pensé que todo moría. Llorando fui donde mis abuelos, a decirles que no me quería morir, que nadie muriera.

El temor no se ha disipado. Pasando por la 41, vi a Rocky. Una Chevrolet Corsa se lo llevó por delante, terminando de estrellarse contra un poste de concreto. Quien conducía era la esposa de un médico joven, que se dirigía a casa después de una larga jornada extralegal. Paso por el lado de ellos. Quiero comprar un cigarrillo. Sé que voy a llegar tarde, pero no hay mucho que pueda hacer.

Acto seguido, nació Daniela.


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