A veces deseamos pasarnos de la raya. Por ello robamos o sustraemos: en el amor, en la desilusión, o nos sentamos con una cerveza bajo el sol y anhelamos una mirada cálida que nos visite. Estamos cautivos, de deseos que compensen nuestras tradicionales emociones, o insatisfechos, o alejados de aquella tapita caliente del bar gallego –el de la esquina de casa. Pero en algún momento, la luz estalla y reímos ante la coraza que se ha roto muy cerca nuestro, de quizás algún estomago parecido. O inclusive -sí me permiten- una cascarrabias que nos recuerda que esta semana no le hemos llamado. Ante lo cual elaboramos discursos de temas tales como:
“Ahora voy a llevarle el pan a mis padres que están muy mayores”. Un domingo de bostezo, en la cola comprando el periódico –me cuenta un vecino. Es tal vez el resumen de la vida. Los fastos de colonia y pepino en la ensalada ya se han quedado lejos, es más vital el sonido de la catedral de papá y mamá, aunque allí recojamos mucha angustia.
“Sabes, me han regalado un plato del Bob Esponja”. Es posible escuchar una diminuta mirada azul y una cabellera peinada y fría, de una sobrina de 6 años -a quien me encuentro en la calle. Debo reconocer que el corazón me tiembla al ver sus sueños navegar en mi interior.
“Batman era gris y feo pero tenia un coche maqueado”. Nada más, con solo esta frase un galán de 11, me invita a recordar el cómic de principios de los 70. No se movían, eran pintura y papel. Ni el 3D podrá ahora ser tan fuerte en los recuerdos. Para nosotros, el malo nos atraía con su inocencia, su desprecio, su inagotable cantidad de inventos para quedarse con todo. Le veíamos apoderarse de la prisa, del fuego, de las maderas de la ciudad y del poder. Para nosotros representaba un consumado ascensor social, le seguíamos para llegar ¡hasta lo máximo!. Tal vez comparable a una suprema de pollo en cuanto a sabor. Pero al caernos del lado del mal, todos intuíamos que se acercaba el triunfo del bien, y nuestro corazón resbalaba compensando… tanto atrevimiento.
Diría Freud que el contenido del bien y del mal aparecen en el deseo amoroso hacia el progenitor y el consecuente miedo a perderle. Tal vez a veces deseamos delinquir, pero el sentimiento de culpabilidad nos lo impide, pero algunos saltan esa barrera. De dicho territorio “ilegal” hay mucha literatura y noticias policiales en los telediarios. Y muchos pliegues de nuestros recuerdos abandonados sin más.
Enviaseló a tus amigos:
- Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Compartir en Mastodon (Se abre en una ventana nueva) Mastodon
- Compartir en Bluesky (Se abre en una ventana nueva) Bluesky
- Más
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.