Seguro que no conocéis el origen del castaño de Indias, o también conocido como castaño de caballo, en latín *Aesculus hippocastanum*. Pues bien, os lo voy a contar.
En un principio, cuando el cosmos todavía no había surgido, los devas y los asuras batieron el océano de leche. La primera criatura que surgió fue un hermoso corcel de siete cabezas, blanco como la nieve y de brío indomable.
Y os preguntaréis qué tiene que ver el castaño de Indias con este hermoso equino. Ahora voy a ello.
Los devas y asuras quedaron maravillados con la hermosura de dicho animal y quisieron atraerlo cada uno con diversos sortilegios. Solo la diosa de la fertilidad, esposa del dios supremo, entendió que semejante animal merecía un hermoso presente y hizo crecer un gigantesco árbol que, al florecer, mostraba ramilletes de flores en forma de cono de un precioso color blanco manchado con pequitas rosadas.
El hermoso animal quedó prendado de la ofrenda y se acercó a la bella diosa y le dijo:
—Solo tú podrás cabalgar sobre mi lomo, ya que has creado un hermoso presente para mí.
Desde aquel instante, el árbol recibió el nombre de castaño de Indias.
M. D. Álvarez
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