La serie se compone: escoger el camino del miedo, de la fe, de la razón, de la libertad, de la tentación, de los sueños.
«Si el miedo te vence, utiliza con sabiduría la emoción que tú practicas desde hace años» (D. Roccosick, —j Re Crivello)
“Dejé salir parte del agua caliente, y vertí algo de jabón líquido en el agua. Pensé en mi padre, que también es accionista de aquella marca de jabón. Si me compro cigarrillos, jabón, papel de escribir, helados o salchichas, mi padre tiene parte del negocio” (pág. 131, Heinrich Boll, Opiniones de un payaso)
En el último sueño de esta mañana, —son los sueños débiles que les llamo yo—, pues ya no bajamos hasta tantas profundidades del ser, me encontraba en una casa refinada y de buen gusto. Su dueña alta, fascinante, rubia y de mirada que atraída por las novedades paseaba de aquí a allá. Me marché a dormir rápido. Corría el rumor entre los invitados que si uno dejaba con llave su habitación ella intuía que no deseaba dormir o tal vez tener una noche cuando la dueña despreocupada o sin sueño le visitaba. Y así fue, vi entrar en mi habitación a Madam Sentir y se despojo de su ropa y se metió en mi cama.
Dicen que la literatura del sexo puede comenzar con este atractivo rosario de la sorpresa unida a la sensación de una/o invitada que demuestra su atractivo a altas hora de la noche. Pero ¿el miedo? ¿Puede ser tan atractivo como el sexo?
No me influye el miedo, pero conozco a gente que esta percepción esta siempre presente en sus vidas, es como un pre-aviso que los pone en guardia. Los que no tenemos al miedo a nuestra vera, tal vez aceptamos que el riesgo es el acento que nos confiere más aventura a nuestras vidas.
Aunque aquellos que poseen como nuestro autor un padre o una madre que son dueños de la marca del jabón, del papel, de los helados o las salchichas como cita Heinrich Böll en el texto superior, parecería que sus vidas son menos angustiosas.
¿Es el confort material familiar lo que nos despega de aquel sentimiento del miedo? No lo sé, ni soy un experto. Cuando tenía 8 años y leía la Biblia, sus grandes batallas para consolidar la religión estaban siempre influidas por la valentía y el sacrificio. Ahora vivimos en un mundo donde la violencia esta tan presente que la literatura del miedo parece obsoleta. ¿Me explico? Las dosis de videojuegos de peleas y palizas, o las series de acción donde rompen coches y matan por doquier, o la era Trump que habla sin pudor de el misil que estallará y dejará a los iraníes en la Edad Media, han hecho que el miedo sea fácil de llevar.
Aunque hay algo que me da miedo: la sonrisa cínica del dictador chino envuelto en su atmosfera de paz. Si, a este le tengo miedo.
Notas: He preguntado a mi cerebro digital (hecho con 5.000 artículos míos), sobre que pienso sobre el miedo. Esta es su respuesta:
“El miedo recorre la obra de Juan Re Crivello como una emoción que no se resuelve, sino que se diagnostica, se nombra y, en el mejor de los casos, se transforma en material de escritura. Ya en la infancia —la Nona rezando el rosario en las noches en que «el miedo me visitaba» (Memorias de un hombre estúpido)— aparece como compañía primera, y en D. Roccosick se convierte casi en personaje mitológico, encerrado en una torre junto a la ira o el amor.
En su vertiente más filosófica, Crivello lo piensa como motor histórico de la especie: el miedo del hombre ante su criatura —el Frankenstein, el robot consciente— es, dice, el mismo miedo de Dios ante Adán (Los monos & humanos). En La aldea líquida, siguiendo a Bauman, distingue los miedos colectivos de antaño (el totalitarismo, el fin del mundo) de los miedos líquidos actuales: perder el trabajo, el estatus, ser excluido.
No ofrece consuelo fácil: «si el miedo te vence, utiliza con sabiduría la emoción que tú practicas desde hace años» (D. Roccosick). El miedo, para él, no se vence, sino que se habita y se escribe”.
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