Diez siglos de Arquitectura por Pippo Bunorrotri

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Arquitectura del siglo X al XX en el reino de león

NACIMIENTO DE LA ARQUITECTURA UNIFICADORA DEL SIGLO X ROMÁNICA

                                       EL PRIMER ROMÁNICO

Los protagonistas de la arquitectura del Románico

El comitente: Era el cliente. Aquel para el que se realizaba la obra y la pagaba.
El teólogo: No siempre concurría. Era el diseñador del programa iconográfico.
El arquitecto: No es una figura frecuente del Arte Románico en España salvo en grandes monumentos como las catedrales y grandes monasterios, y no lo es porque el conocimiento romano se eclipsa y no se revitaliza hasta que no se traducen los textos romanos científicos en la Escuela de Traductores de Toledo. Consiguientemente, la labor de la arquitectura en el Románico es realizada en forma empírica, es decir, a partir de la experiencia y con sólo planos de planta. El conocimiento teórico del arquitecto del mundo Románico se reduce a la geometría.

El maestro de obras: Generalmente realizaba las tareas del arquitecto cuando éste no participaba en el proyecto. Es el jefe de los equipos de los diferentes oficios. Puesto que la obra se construía en función de su experiencia personal, el maestro estaba muy vinculado a la realización material.

El cillerero: Era el monje encargado del control de las obras en el monasterio.
La mano de obra no cualificada: No hay mucha información al respecto hasta el siglo XIV. En general estaba clasificada por gremio ó tipo de actividad. En el Císter, al principio, los propios monjes trabajaban a pie de obra, aunque pronto fueron sustituidos por los conversos. No obstante, la mayor cantidad de mano de obra en el Arte Románico en España y en Europa era laica.

Los picapedreros: En el ámbito del Arte Románico en España eran los que realizaban el trabajo en las canteras. Trabajaban a las órdenes del encargado. Su trabajo era controlado por el arquitecto o el maestro de obra que visitaba la cantera con asiduidad y que daba las directrices al encargado de la cantera. El maestro de obras en el Arte Románico en España decidía el material más idóneo y el lugar de donde obtenerlo, controlando la extracción y la calidad de la piedra. Los bloques que salían de la cantera eran allí mismos desbastados para facilitar su transporte y ocasionalmente se realizaba el tallado final cuando la pieza no requería mayor elaboración.

Los acarreadores: El medio natural de transporte hasta el destino era el carro tirado por pareja de bueyes o de caballos con ruedas de radios, casi siempre “ferradas” es decir guarnecidas con clavos de grandes cabezas para aumentar la adherencia. Ocasionalmente se utilizó el transporte fluvial y también, en el Arte Romanico en España, ocasionalmente las calzadas romanas, pero lo habitual era el transporte por caminos que solían ser muy angostos y de barro. El transporte era un importante factor de coste que condicionaba la ubicación del templo, ocasionalmente, el coste del transporte podía ser incluso mayor que el coste de los materiales. Con frecuencia el acarreo era realizado por las personas, tanto en el monumento como en pequeñas distancias. Para la construcción de iglesias y monasterios se otorgaban beneficios espirituales invitando a las personas a realizar estos trabajos y también para aportar las carretas y animales.

Los canteros: Su trabajo comenzaba haciéndose cargo de los materiales recibidos de la cantera, que guardaban en la “casa de la obra”, donde luego realizaban su trabajo, junto al edificio en construcción. En el Arte Románico en España, también en Época, era uno de los gremios más numerosos en la obra. Sus herramientas eran el puntero, la maza, el pico y el hacha. Los canteros dejaban tres tipos de marcas: Las conocidas como “marcas de cantero” cuyo único fin era el determinar el trabajo realizado por cada uno. Las “marcas de posición” destinadas a colocar las piedras en el lugar y posición para las que se tallaron y que solían ubicar en lugares discretos (parte de atrás, basa…etc) y, sin sentido funcional, las “marcas de grafito” , signos o figuras caprichosas, grabadas en cualquier lugar y de las que las más frecuentes eran los tableros de juego de los propios canteros y otros obreros. De éstos, el juego más popular era el alquerque, de nueve, doce ó cinco en raya.

Los escultores: Realizaban las labores ornamentales sobre la piedra, ocasionalmente realizadas, con peor resultado, por los mismos canteros. Normalmente trabajaban en la misma obra, pero en el Arte Románico en España, ocasionalmente lo hacían en otro lugar y con piedra diferente. No solían firmar las obras realizadas, aunque ocasionalmente registras en su nombre seguido de “Me fecit” para indicar su autoría ó registrarse solo su firma al final de sus días profesionales cuando hubiesen alcanzado el grado de maestro, a lo que se llama “magister signum”. Estas anotaciones iban siempre acompañadas de la fecha en que se registraban. Ocasionalmente en el Arte Románico en España el “me fecit” alude al comitente.

Areneros, poceros y caleros: Cuando existían en la obra, eran los responsables de suministrar a los albañiles los elementos auxiliares de su trabajo: arena, agua y cal con los que se hacían las mezclas. Estos elementos eran transportados por los acarreadores.

Mazoneros ó albañiles: Eran los responsables de levantar los muros. Los había de dos tipos: “de tapiar” y “de asentar canto tajado”. Éste colocaba los sillares y aquél realizaba los muros de cal y canto, mampostería y tapial. Trabajaban con escasísima maquinaria y aunque disponían de maquinaria de elevación, el método generalmente utilizado en el Arte Románico en España era el de plano inclinado.
Tejeros y pizarreros: Eran los responsables de la cubierta exterior y se llamaban así en función de que estuviese hecha de teja, ó de lajas de pizarra ó de piedra.

Carpinteros: En el Arte Románico en España eran los artesanos más importantes en la construcción, en la que la madera fue el material más empleado. La madera preferida era el roble. Su trabajo consistía en montar los artilugios elevadores, los andamios, el cimbrado de arcos y bóvedas y las armaduras para los tejados. Su trabajo era clave en la estabilidad del edificio.

Pintores, vidrieros y herreros: Cuyo trabajo se relacionaba con la decoración y remate final del edificio terminado.

 @Pippo Bunorrotri      

 


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