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Un secreto contra viento y marea. Juego de espejos (-02. Final) By Isidro Beningo Nat

Dakari miró a su alrededor, no había nadie más que ellos dos, miró al reloj del andén y solo quedaban tres minutos para que llegara el tren y quince para estar en casa cenando con su familia. Se levantó y comenzó a caminar hacia ella. La mujer se levantó del banco al unísono.

Dakari se aproximó despacio, pero con paso firme la preguntó:

– ¿Hola, se encuentra bien?

Giro la cabeza escondiendo su rostro, dio la vuelta, y le contestó:

– No me pasa nada, puedes irte, no te preocupes por mí.

El llanto no cesaba, y Dakari decidió hacer un último intento:

– No quiero molestar, pero… ¿necesita ayuda?

Mientras Dakari hablaba sentía una energía diferente en aquella mujer, algo pasaba que no conseguía explicar. La mujer se dio la vuelta y tenía su mismo rostro, pelo abundante y rizado, tez oscura, ojos grandes y profundos, manos finas, figura esbelta, botas militares, pantalones de cuero ceñidos, chaqueta motera y los ojos impregnados de lágrimas.

Ella era todo aquello que él deseaba ser, su secreto más profundo, su Yo más puro, su subconsciente proyectado en el presente, en ese andén, en frente de él.

Ella decidió tomar la iniciativa y le preguntó:

– ¿Cómo te llamas?

A lo que después de varios segundos de silencio él respondió:

– Me llamo Dakari ¿y tú?

Ella contestó, con los ojos llorosos:

– Me llamo Dakari.

Mas helado que nuca, no supo que contestar y la extraña mujer preguntó:

– ¿Eres feliz?

Con mirada triste Dakari contestó:

– No

Ella no paraba de mirarle fijamente, sin pestañear y con este semblante le hizo una última pregunta antes de…

– ¿Cuál es tu propósito de vida?

A esta pregunta Dakari contestó raudo y veloz:

– Acabar la universidad, tener una buena esposa y formar una familia.

Y ella respondió:

– Eso es lo que padres quieren para ti, pero… ¿Tú qué quieres realmente?

En esta ocasión Dakari no supo que contestar, pues no entendió la pregunta. Faltaban apenas treinta segundos para que el tren hiciera su entrada en la estación. A lo lejos, se podía ver la parte frontal de un tren ruidoso. Al ver al tren desde lejos, la misteriosa mujer inició el camino hacia el borde del andén, cuando el tren hizo su entrada en la estación a más de 150 km/h, ésta miró una vez más a Dakari y le preguntó por última vez ¿cuál es tu propósito de vida?…

Y acto seguido se arrojó a las vías.

SILENCIO…

El tren, engendro metálico como pocos, embistió su cuerpo, como lo haría un coche con una mosca. O tu mism@ al pisar una hormiga.

Dakari se recompuso como pudo y volvió a la calle corriendo, sentía un miedo aterrador. Sabía que aquel suceso cambiaría su vida para siempre. Ya en la calle, empezó a repasar en su mente todo lo ocurrido y las preguntas empezaron a sucederse una tras otra: ¿Quién era aquella mujer? ¿Por qué tenía su propio rostro? ¿era un ángel venido del cielo o del futuro? ¿era un mensaje de Dios? ¿por qué se suicidó? Y lo más importante, ¿por qué no paraba de preguntarle cuál era su propósito de vida?

Dakari sabía que esta pregunta tenía relación con su gran secreto. Empezó a recordar las palabras de Yokoi Kenji sobre el concepto de propósito de vida. Éste diferenciaba el propósito de la meta. Era aquello que surgía de la inconformidad de un individuo hacia la comunidad en la que vivía. El propósito de vida era aquello para lo que hemos nacido y para lo que vivimos.

Un intangible que produce la paz absoluta en el alma de aquel que lo encuentra.

Dakari, decidió caminar hacia su casa, pese al frio, tenía tiempo suficiente para que pudiera digerir todo aquello que acababa de suceder. No podía parar de pensar en el rostro de aquella mujer y a partes iguales en aquello que significaba el propósito de vida. Paró en seco en mitad de la calle y su cuerpo se desvaneció en el suelo, cayó a plomo, un ruido ensordecedor… silencio. Y su alma se elevó de su cuerpo y viajó por el tiempo y el espacioAtravesó la materia y la antimateria. Se introdujo en un agujero negro y viajó entre las dimensiones para aparecer en un lugar único, un bosque llano, con altos árboles separados respetuosamente el uno del otro, vegetación abundante y una enorme cascada presidiendo el escenario.

El alma de Dakari, su yo más puro, una mujer, en ese lugar y abrumada por tanta belleza intuía que aquel no era el cielo prometido, sino, era un mundo regido por las energías que lo componían. Sus partes formaban un todo cuya fuente de energía era la cascada. Tenía sentimientos encontrados, que debatían en su interior de forma frenética. Sabía que seguía viva en la tierra y en ese lugar.  Aquí y ahí.

Cuando de repente sintió un dolor punzante en el corazón, comenzó a llorar y a caminar, aturdida y llorando se encontró de repente rodeada de espejos. A lo lejos, caminaba hacia ella un hombre de tez oscura, cuello, tronco y brazos erguidos, paso firme, mirada penetrante. Solo cuando estuvo muy cerca puedo ver que saludaba con sonrisa amistosa, seguido, le preguntó:

– ¿Cómo te llamas?

Sorprendida contestó:

–  Dakari, ¿y tú?

Sintió una conexión intensa, algo real, inexplicable. Entonces comprendió que aquel dolor provenía de ahí, de él, pues conocía su secreto.

Le preguntó:

– ¿Eres feliz?

Con lágrimas en ojos, contestó:

–  NO!

Sentía que necesitaba liberarle de esa enorme carga. A través de la pregunta intentar cambiar lo que ya sabía que iba a pasar. Le preguntó de nuevo:

– ¿Cuál es tu propósito de vida?

Dakari hombre contestó aquello que ella entendió era la voz de sus padres, no la de él. Le conocía, sabia de su dolor, sentía su dolor y sabía del porque estaba esperando el tren en ese andén aquella tarde. Nunca trabajó en aquel restaurante y ese no era su barrio. El único motivo por el cual estaba ahí en ese preciso instante era por qué.

De repente y en fracciones de segundo Dakari hombre arrojó su cuerpo a las vías del tren en el instante en el que éste hacia su entrada en la estación a más de 150 km/h.

Silencio, cinco segundos y la sala de espejos se iluminó, el reflejo de Dakari hombre había desaparecido. Solo estaba ella, sola, su imagen proyectada en todos los espejos, el dolor cesó, dejó de sentir la tierra para no sentir nunca más, vivir y ser feliz en ese lugar era desde ese memento su propósito de vida.

Minutos más tarde la policía encontró el cuerpo de un chico joven, tez oscura, cabellos rizados, vestido de mujer, que huyó de su casa días atrás y por el que llevaban días buscando por toda la ciudad.

FIN.

Dedicado a todas aquellas personas que han contribuido al final de esa historia aportando ideas y finales alternativos, Dakari os da las gracias y os anima a que sigáis soñando, pues todo empieza por tener sueños en esta vida, el resto, viene después.

Isidro Beningo


—| También disponible en mi blog

https://inquietud3s.wordpress.com/2019/03/05/un-secreto-contra-viento-y-marea-capitulo-2-juego-de-espejos-final/

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