
Precioso, como un sueño. Eso pensé cuando leí por estos arenales uno de esos poemas de amor, que tanto abundan. Hermoso sería decirte: Bésame. Que estuvieras ahí… y me besaras. Lo escribo y mi sonrisa asoma sarcástica como una joroba, mi pensamiento suelta una carcajada de histrión sordo y la gata Lola se hace la manicura . Mi musa infiel. Mi musa irreverente, convencida de que ando perdida en la constelación de Orión se ha presentado, ella que nunca está, y con la cadencia de un bolero me canta el oído: No hay espacio, ni tiempo ni luna dónde colocar ese beso loco. ¿O acaso no sabes que las ardillas rojas borraron el sendero por el que caminan los besos?. No escucho más.
Mi musa siempre aplastando el soufflé.
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