Archipielago

CONFINAMIENTOS by Jesús Marchante Collado                       

Escribir sobre el confinamiento es siempre una manera de poder reflexionar sobre la situación histórica que vivimos. Y se puede hacer desde muchos puntos de vista, está claro. Aunque en este breve texto no nos interesa pararnos a reflexionar sobre el confinamiento propio, el que uno pueda quererse imponer por razones personales de cualquier índole. Más bien, queremos analizar los confinamientos que se nos pueden imponer por parte de instancias superiores.

En el diccionario aparecen varias acepciones para determinar qué significa estar confinado. El que “soportamos” tiene que ver con ésta: “Recluir algo o a alguien dentro de límites”.

Esto viene a cuento por el manifiesto que  ha sacado, hace un par de días, la que se autodenomina a sí misma como Fundación Internacional para la Libertad, cuyo presidente es el escritor y Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa. Están contra el confinamiento en aras de una supuesta libertad. Tal vez, ¿libertad para contagiarse, para contagiar a los demás o para morirse?

“…Muchos gobiernos toman medidas que restringen indefinidamente libertades y derechos básicos. En varios países impera un confinamiento con mínimas excepciones, la imposibilidad de trabajar y producir, y la manipulación informativa…

“…En España dirigentes con un marcado sesgo ideológico pretenden utilizar las duras circunstancias para acaparar prerrogativas políticas y económicas que en otro contexto la ciudadanía rechazaría resueltamente…

“…A ambos lados del Atlántico resurgen el estatismo, el intervencionismo y el populismo con un ímpetu que hace pensar en un cambio de modelo alejado de la democracia liberal y la economía de mercado…

“…Rechazamos el falso dilema de que estas circunstancias obligan a elegir entre el autoritarismo y la inseguridad, entre el Ogro Filantrópico y la muerte.”

Nada nuevo bajo el sol, desde luego. Lo apoyan más de cien firmantes, intelectuales en su mayor parte, dicen. Algunos sí lo son, aunque estén confundiendo la velocidad con el tocino. Firman, entre otros, Fernando Savater, Antonio Escohotado, Jorge Edwards, Félix de Azúa y el propio Vargas Llosa. Pero no creo que otros firmantes como José María Aznar, Rosa Díez, Albert Rivera o Esperanza Aguirre, sean intelectuales.

Queda claro el tipo de gestión de la pandemia que habría hecho un gobierno del PP en solitario o en coalición con VOX y Ciudadanos.

En cualquier caso, hay que ser un mal nacido (más allá de lo ideológico) para sacar un manifiesto en contra del confinamiento, haciendo gala del más rancio neoliberalismo. Pero ya sabemos, a estas alturas del siglo, cómo se las gasta la añeja y fascista derecha española, y, por supuesto, sus compañeros de viaje intelectuales. Es por todo ello que sigo estando en profundo desacuerdo con la estrategia seguida por el gobierno de coalición a la hora de desarmar el envite reaccionario y violento que el PP y VOX están llevando a cabo contra un gobierno “progresista” (odiosa palabra) de mínimos, muy mínimos. Creo, sinceramente, que en la batalla de la propaganda mediática y en las redes la derecha saca ventaja.

Con todo, tampoco este manifiesto va a lograr mucho más en este momento. Pero es un elemento añadido a la ceremonia de la confusión en la que suele perecer la mayoría silenciosa.

Además, es un aviso para navegantes. Ellos saben perfectamente que el confinamiento (con suavizaciones intermitentes) será largo, duradero en el tiempo, y es, entonces, cuando ésta insistencia en la supuesta conculcación de las libertades, y en contra de una política razonable para contener la pandemia, hará daño.

Sin embargo, todo este tipo de confinamientos, acotados, en torno a algún tipo de crisis sanitaria o de otro tipo, en nada se parecen al confinamiento permanente al que nos somete (de manera casi invisible, e imperceptible) el modo de producción capitalista.

Sé perfectamente que nadie habla de confinamiento a la hora de hablar de capitalismo. Sabemos incluso que, salvo algunos economistas que siguen considerando que el análisis que hizo Marx en sus cuatro volúmenes que llevan por  título El Capital, es correcto y válido para poder seguir analizando el desarrollo del sistema capitalista en las sociedades del siglo XXI, la mayoría de la sociedad y los economistas y sociólogos que defienden dicho sistema, hablan de economía libre de mercado, globalización, u otras definiciones que falsean la realidad empírica y materialista que supone estar, vivir, en una relación social (no solo de producción) que se llama capitalismo.

Ahora voy a atenerme a otra de las definiciones que da el diccionario de lo que significa estar confinado: “Desterrar a alguien, señalándole una residencia obligatoria”.

Aunque pueda sonar exagerado, eso es lo que hace el capitalismo con la mayoría de la sociedad. Nos despoja de la vida. Se apropia de ella y nos expulsa de nuestra condición humana, condenándonos a una residencia  permanente (el trabajo asalariado), toda la vida. Niega la “plusvalía humana” y se apropia de la  inteligencia general (General Intellect).

Escriben Marx y Engels en La Ideología Alemana (escrita en 1845-1846, pero que no fue publicada  hasta 1932, en Moscú, por Riazanov):

“…Es decir, no se parte de lo que los hombres dicen, se representan o se imaginan, ni tampoco del hombre pensado, representado o imaginado, para llegar, arrancando de aquí, al hombre de carne y hueso; se parte del hombre que realmente actúa y, arrancando de su proceso de vida real, se expone también el desarrollo de los reflejos ideológicos y de los ecos de este proceso de vida. También las formaciones nebulosas que se condensan en el cerebro de los hombres son sublimaciones necesarias de su proceso material de vida, proceso empíricamente registrable y sujeto a condiciones materiales. La moral, la religión, la metafísica y cualquier otra ideología y las formas de conciencia que a ellas corresponden pierden, así, la apariencia de su propia sustantividad. No tienen su propia historia ni su propio desarrollo, sino que los hombres que desarrollan su producción material y su intercambio material cambian también, al cambiar esa realidad, su pensamiento y los productos de su pensamiento. No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia. Desde el primer punto de vista, se parte de la conciencia como del individuo viviente; desde el segundo punto de vista, que es el que corresponde a la vida real, se parte del mismo individuo real viviente y se considera la conciencia solamente como su conciencia…”

“…Allí donde termina la especulación, en la vida real, comienza también la ciencia real y positiva, la exposición de la acción práctica, del proceso práctico de desarrollo de los hombres. Terminan allí las frases sobre la conciencia y pasa a ocupar su sitio el saber real…”

Si la humanidad no estuviera dentro del mercado capitalista, sometida al mando del capital, trabajaría para sí misma y para sus necesidades, como sujetos autónomos y libres. Produciría lo que yo he llamado antes  “plusvalía humana”, frente a la plusvalía del capital. Escaparíamos, así, del confinamiento total y permanente.

Las imágenes del texto corresponden a sendos estudios (que el artista Francis Bacon llevó a cabo en los años cincuenta del pasado siglo)  sobre retratos que representan a un Businessman (hombre de negocios). El pintor representa, desentraña, bien a las claras, el cuerpo y el alma de ese sujeto atrapado, confinado, en ese laberinto sin fin que es el sistema capitalista. Individuos  sujetos a sus sillas de trabajo, enjaulados en cubos transparentes que no permiten ninguna vía de escape. Metáfora brillante del confinamiento humano en las sociedades “supuestamente” avanzadas.

 Luchar contra este confinamiento capitalista, en apariencia insuperable e irresoluble, es el deber histórico actual de los sujetos asalariados y los que no lo son (parados, amas de casa, estudiantes, jubilados, etc.,). Nada hay más urgente, saliendo de esta crisis pandémica (que nos ha impuesto el covid-19), que tratar de apropiarnos del planeta para salvarlo de la deriva cínica (y destructora) capitalista. Acabar con la alienación y la enajenación de esta relación social de producción que van a querer seguir imponiéndonos por la fuerza, recurriendo o no a la violencia física. Apropiarnos, en fin, de nuestra vida, por encima de las abstracciones mercantilistas. No hagamos caso, ni demos crédito, a los numerosos cantos de sirena que nuestros oídos soportarán a partir de esa “Nueva realidad” o esa “Nueva normalidad” para volver a reconstruir el modo de producción capitalista. Gritemos con todas nuestras fuerzas el viejo (pero nuevo) lema: ¡¡¡Socialismo o barbarie!!!

4 respuestas »

  1. Muy interesante reflexión. La idea del capitalismo como inhibidor de nuestra libertad humana es muy cierta. Nos hace esclavos para producir y hacer ricos a otros mientras uno se queda sin tiempo, sin fuerzas y finalmente sin vida. Respecto al confinamiento covid, no es hora de lanzar campanas al vuelo pero tampoco de encerrarnos en un caparazón. Debemos aprender a vivir con esto y cuidarnos todos los días pero creo que ya no son viables las encerronas. Exigir vacunación y el respeto a las medidas básicas sanitarias creo que es mejor. Yo estuve año y dos meses encerrada y es de locos. Ahora sabemos más del «bicho», sabemos cómo cuidarnos. Me gustó tu reflexión. Saludos.

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