narrativa

EL PUESTO DE LAS SALCHICHAS ENCANTADAS por Ana Vara

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Entrada publicada en Masticadores Infantil y Juvenil https://wordpress.com/post/masticadoresinfantiljuvenil.wordpress.com/1738

Lady Felicity era feliz. Tenía todo lo que se puede desear en este mundo: un esposo ejemplar, unos hijos maravillosos, un trabajo que adoraba, buenos amigos por todas partes…Y sobre todo bondad, de eso mucho.

Digo que era feliz, pero no era del todo cierto, era “casi feliz”. Y digo “casi” porque lady Felicity sufría viendo que muchas personas que entraban en el supermercado, donde ella tenía su puesto de salchichas, no tenían apenas dinero para comprar lo necesario y se les notaba que pasaban frío en sus casas porque entraban encogidos y con la cara del color de la cera. Ella, dentro de sus posibilidades, regalaba o abarataba la mercancía cuando veía a algunas de esas gentes necesitadas mirar con envidia sus salchichas, pero no podía hacer mucho más porque tenía que vivir de su negocio; su familia no era rica.

– ¡Hace frío en este salón, Flavius! Haz el favor de encender la chimenea que ya se acusa el otoño- dijo D. Fabián interrumpiendo el cuento por unos instantes- Y prosiguió:

A lady Felicity le gustaban mucho los libros de brujería, sobre todo se maravillaba con los hechizos que las brujildas hacían para conseguir todo aquello que les venía en gana. Pensó: si yo pudiera fabricar unas salchichas exquisitas que tuvieran poderes e hiciesen felices a esas pobres gentes necesitadas…

– ¡Qué suerte, mami! Poder comer salchichas ricas en lugar de esas tan asquerosas que trae papá porque se las regalan- dijo Josefito a voz en cuello consiguiendo que su padre se pusiera colorado hasta las orejas mientras daba a su hijo un capón fenomenal que le hizo saltar las lágrimas. – ¡¡¡Ay!!!- se quejó el niño.

– Pero ¿qué ocurre ahí? – exclamó D. Fabián-. ¿Es que no se puede contar un cuento alguna vez con tranquilidad, por Dios?

-Perdone usted- se disculpó Josefa.

– ¡Son terribles! – refunfuñó el de La Roser-. Está bien, pero basta ya de interrupciones que no terminamos nunca. A Veeer…sigooo…

La cosa es que lady Felicity, en sus ratos libres, leyó y buscó un día tras otro, sin éxito. ¿Qué podría hacer yo? – se decía una y otra vez-. Pero no hallaba ninguna solución.

Después de más de un mes de intentos, un día…Un día, cuando estaba en su puesto le pareció escuchar unas vocecitas chillonas cerca de ella. ¿De dónde vendrían esas voces? Y puso más atención…

Sí, otra vez…Y otra más, y parecía que decían su nombre: Felicity, sí, muy cerquita…Y… ¡Oh, asombro! ¡Las vocecitas salían de las salchichas! ¡No podía ser! – ¿Pero sois vosotras las que me estáis hablando? – Síii…Síii…Somos las salchichas las que te hablamos. Queremos decirte algo…

A lady felicity casi le dio un soponcio, ella creía en cosas raras pero tanto como que unas salchichas hablaran…Una vez pasado el sobresalto contestó:

-Decidme, decidme, ¿qué queréis de mí?

La portavoz del grupo salchichero se explicó:

-Pues verás, hemos visto que has intentado fabricar unas salchichas que puedan aminorar la desgracia de las personas que tienen pocos recursos económicos y no lo has conseguido. Y como eres buena persona vamos a ayudarte porque somos salchichas encantadas.

– ¿Cómo?

– No te lo podemos contar porque es nuestro secreto.

– ¿Entonces?

– Entonces, tú lo único que tienes que hacer es seguir nuestras instrucciones sin hacer demasiadas preguntas.

– ¿Pero en qué consiste el encantamiento?

-Mira: Tú venderás tus famosas y riquísimas salchichas a los clientes que puedan pagar su precio y, a los que no puedan pagar, les regalas las encantadas que somos nosotras y se nos distingue porque llevamos una “E” grabada en la espalda, que casi no se nota. El encantamiento consiste en que a nosotras no te costará fabricarnos porque nos reproducimos solas: coste cero. Además, producimos una sensación de saciedad en las barrigas de las personas que nos comen y así no necesitan comer más que una o dos para quedar satisfechas. No te podemos contar porqué, ya te he dicho que es nuestro secreto. Lo único que debes saber es que, además de lo que te he explicado, tenemos varios sabores especiales…distintos a las otras…y somos ¡¡¡muy sabrosas!!! También quien nos coma sentirá en su cuerpo una agradable sensación de calor y bienestar que evitará que pase frío en su casa. ¿Entendido?

– ¿Pero sabores de qué? Las salchichas sólo pueden saber a salchichas.

-Tú pruébanos y verás. No pienses que sabemos a kiwi o a helado de frambuesa…ji, ji, ji. Verás, verás.

Lady Felicity probó una y luego otra y otra más, hasta catar todos los sabores. – ¡Sois divinas! – exclamó- ¡Jamás pensé que existieran gustos en este mundo así de extraordinarios!

– ¿Lo ves? ¡Anda, pon un cartel anunciándonos! Pero únicamente para los necesitados, si no, nos desencantaremos; no podemos ser comercializadas.

Así lo hizo la buena salchichera y a partir de ese día las colas en el puesto eran interminables y los ricos las querían comprar, pero lady Felicity jamás accedió a ello.

Y lady Felicity se volvió completamente feliz porque había alcanzado su objetivo. Y es que la bondad lo puede todo. Sí señor. Y se acabó el cuento.

RUEGOS Y PREGUNTAS

P- Dice usted, D. Fabián, que la bondad lo puede todo. Entonces ¿por qué mi vecino que es la persona más buena de este mundo no tiene trabajo por más que lo intenta y su familia está pasando necesidades? ¿Por qué no se encuentra en el súper un puesto de esas salchichas encantadas gratis que le saquen de apuros? – preguntó el intelectual Lord Garci poniendo ojos de zorro e insidia en la pregunta.

R- Su malintencionada pregunta no tiene respuesta- dijo D. Fabián-. Yo acabo de contar un cuento: una ficción. No es una realidad, evidentemente. Aunque sí es positivo tener bondad, y eso usted lo sabe muy bien.

P- D. Fabián, ¿Por qué Lord Garci siempre va de listillo? – dijo Monsieur Facón, marqués de Sondesondo, regocijándose en la pregunta.

R- Eso pregúnteselo usted al propio Lord Garci, yo no soy quién para contestar a ello.

El conde de Casacuadrada se sintió muy incómodo ante la situación creada por él mismo y se levantó de su asiento con la disculpa de ir al baño. Helga permaneció sentada mirando al techo como si estuviera viendo pasar una mosca, y el de Sondesondo lanzó al público una mirada triunfal acompañándose de sonrisas de mala fe. El resto no dijo ni mu.

Se levantó la sesión a las 20.00h.

EL LIBRO: “LAS TERTULIAS DE DON FABÍAN FLAKES DE LA ROSER” ESTÁ A LA VENTA EN LAS LIBRERÍAS DE VALLADOLID:

EL SUEÑO DE PEPA: PLAZA MAYOR

CAMPUS: PALZA DE SAN ANDRÉS

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