Cuando el primer niño rió por primera vez, su risa se desmoronó en miles de fragmentos que se esparcieron aquí y allá. Así nacieron las hadas. James Matthew Barrie, “Peter Pan.
El niño que no quiso crecer”, 1904 Luego están todos esos niños que no ríen, tal vez lloran, o tal vez ni siquiera tienen derecho a hacerlo. Están esos niños de los que no se puede hablar, los que se encuentran por pura casualidad, lo sé… en el centro de un genocidio y por eso también deben disculparse porque no es su culpa si el destino los hizo nacer allí.
Para algunos niños la risa no existe, mucho menos las hadas, y los únicos fragmentos que conocen son los producidos por minas voladas, bombas y lo que alguna vez fueron casas. Para algunos niños nacer era pecado y morir era una elección (del otro).
No hay excusas.
No tenemos excusas.
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