Fotografía Andoni Lubaki
La tarde no puede ser menos propicia para un encuentro como este. O sí. A lo largo de la A8, camino de la Gipuzkoa profunda, diluvia, y el ruido de los limpiaparabrisas nos impide hablar con comodidad. A la noche juega el Athletic la semifinal de la Copa del Rey y la única euforia del día se concentra en dirección contraria. Roberto Moso, exlíder de Zarama hace de puente entre Loles Vázquez y el entrevistador, y pone contexto a un fenómeno musical, el de las Vulpes, laberíntico. Fácil de entrar, complicado de salir. Cuarenta años más tarde de que RTVE despidiera a Carlos Tena, el adjetivo calificativo «zorra» vuelve a ser desmenuzado desde el plano actualidad, cerrando —o abriendo aún más— el círculo que enfrenta la ironía y la inocencia contra el feminismo, o el punk contra la libertad de expresión. Simplemente, el divertimento versus el mundo. Quedamos en el bar del Hospital de Mondragón, municipio cuna del cooperativismo y de grupos como RIP. Mientras nos aposentamos, un letrero gigante de FAGOR, a modo de ojo de Sauron, nos vigila desde el otro lado de la poca iluminada calle. Son las 18:00 y parece madrugada. El desfile de almas errantes del centro empieza a animarse y Loles Vázquez entra por la puerta.
Tu padre era un sindicalista aguerrido en la dictadura. Cada 1 de mayo siempre entraba la policía en vuestra casa, había registros… ¿Cómo recuerdas aquellos años?
Loles: Mi padre fue uno de los organizadores de la huelga de Bandas, y estuvo en prisión [la huelga de la empresa Laminación de Bandas en Frio (Bilbao) duró ciento sesenta y tres días, la huelga más larga del franquismo, N. de R]. La verdad es que en los años de esa huelga yo tendría un año, apenas lo recuerdo. Pero sí, respecto a la lucha sindical de mi padre, antes de cada 1 de mayo, ya el 30 de abril, venía la policía a llevárselo para que no organizara ninguna manifestación o concentraciones o cosas de estas. Mi madre los días antes tenía que quemar o a hacer desaparecer papeles, nos levantaban los colchones… «¡Los niños que no lo vean!», decía mi madre, pero mi padre «¡No!», siempre quería que los niños vieran lo que pasaba. Y bueno, pues toda una película. Mis hermanos mayores sí que han podido vivirlo más.
Ya ves, yo tengo recuerdos tontos como ir a verle a la cárcel de Basauri y que ese día estrenaba, fíjate qué imágenes tengo, un impermeable amarillo, de estos como de bombero, con el gorro y todo, de plástico, y yo más contenta que la leche, pero mi padre entre rejas. Creo que estuvo un mes o así; mi madre luego nos agarraba y nos llevaba adonde el obispo a protestar, e íbamos a todas las manifestaciones y a las encerronas en las iglesias. Mi madre y nosotros dormíamos con amigas de otros padres en la misma situación que el nuestro; recorríamos la iglesia de los Franciscanos, los curas eran como nuestros hermanos mayores. Me conocía toda la iglesia porque ellos eran curas progres en aquella época.
Y todo ese magma repercutió de alguna manera en tu imaginario, en tu afán de expresarte que luego lo materializarías artísticamente.
L: Hombre, creo que tuvo algo que ver. Lo que pasa es que tú sabes lo que pasa. Al ser la pequeña y ver que mis hermanos actuaban de determinada forma también, pues yo lo veía normal. O sea, yo pensaba que eso era lo que había que hacer. Además, tengo hermanos todavía mayores, que vivieron los años 60, ahora tienen setenta y cinco, setenta y seis años. Entonces viví todo eso naturalmente.
Roberto: ¿El rock cómo entró en tu casa?
L: La música entró por mi hermano, el pequeño de los mayores, Rafa, que tocaba la guitarra. Estaba en un grupo que se llamaba Los Jóvenes del Ritmo. Hacía pop. Y luego tocaba en verbenas.
R: ¿Llevaba discos a casa?
L: Claro, y más que eso, también llevaba a mi hermana a la radio, a Radio Juventud, de corista. Entonces en casa la música que sonaba eran sobre todo los Brincos, los discos que entraron primero, incluso Mari Trini, cosas de estas, de mis hermanas. Y luego ya empezaron a llegar los Beatles, y de ahí en adelante, pues ya todo. Porque además al ser tantos hermanos, cada uno tiraba por un estilo musical. Porque el que era punk era punk, había quien era más rockero y traía todas estas cosas, exceptuando Kraftwerk, que le gustaba a Nico. Mi hermano Karmelo era más de Bruce Springsteen, de Dylan. Bueno, a Karmelo le gustaba todo, o sea, era el musicólogo de la familia. Compraba de todo.
R: Tendrías también etapa cantautor, canción protesta.
L: Claro, eso ya mi madre y mi padre. Todos los discos de Serrat con Antonio Machado, los de Víctor Jara, todas esas cosas. Además, cuando éramos pequeños, mi padre a veces pasaba al otro lado, a Francia, a las reuniones y nos llevaban y nos ponían a los niños a cantar las canciones de protesta para los refugiados; entonces nos las sabíamos bastante bien, incluso primeros discos en euskera. Teníamos un curso de euskera vizcaíno, así con acento gabacho, y nos hacían repetir en casa. Ya te digo, mi madre, por ejemplo, se enfadó con mi hermano Karmelo porque no le llevó a ver a Bruce Springsteen a Barcelona en el autobús. O sea, en casa la música de todo tipo, porque mi madre cantaba mucho. Yo recuerdo a mi madre todo el día cantando.
R: Sois muchos hermanos, pero no sois todos de la misma pareja, ¿no?
L: Somos de dos padres diferentes y la misma madre. Por eso hay esa diferencia de edad. Los cuatro mayores son del primer padre. Y luego… Llego mi padre y nací con los cinco pequeños.
Y siendo tantos en casa, seríais muy callejeros.
L: Teníamos al lado el monte Pagasarri. Ahora está muy urbanizado, pero entre mi casa y la de enfrente había una montaña con un muro y luego debajo del muro todo zarzas. O sea que como jugabas por el muro y te dabas la hostia salías ahí ya con la antitetánica. Y muchas ratas. Menos mal que llegaron la familia de los gatos. Los gatos blancos y negros fueron los primeros que llegaron.
Y esto también, que tú lo comentabas, Roberto, en Santurtzi, todas estas reuniones, no sé cómo se deciden… que sin querer se formaban en la calle y creaban cultura popular, ¿no?
R: Yo siempre he pensado que sin la calle no sería lo mismo. Sin esos encuentros fortuitos en los que de repente… Sí, sobre todo la capacidad de organizarte para jugar. ¿A qué jugamos hoy? A Tres Navíos en el Mar, que se jugaba en Santurce, que luego me he dado cuenta de que no se conoce mucho fuera. Y esa cantidad abrumadora de niños que había, de niñas, pues… hacía que tuvieras que buscar la vida para organizarte. Y yo creo que eso pudo ser el precedente de que después hubiera gente que se organizara para hacer fanzines, Gaztetxes, ocupaciones, para hacer grupos de rock, para todo este tipo de cosas. Cosa que ahora, como tienen tantos extraescolares y todo se les organiza de antemano todo… a veces no se les organiza ni para dejar la luz apagada.
L: Es el individualismo que te da estar jugando con el ordenador.
Eso es interesante, porque hablas de alguna manera como que te autogestionabas, y lo llevasteis al punk los dos, Vulpes y Zarama.
L: Tú salías a la calle, no quedabas con nadie porque no había teléfono.
R: Yo me acuerdo de que hubo un intento de llevarme a los Boys Scouts y tal, pero era menos libertad. Con lo bien que estás a tu aire, tú sabes.
Zarama montasteis la banda un poco antes, ¿no?
R: Sí, sí. ¿Tres años antes, cuatro años? Sí, nosotros la montamos en el 77. El año del punk. Al inicio era una cosa muy teórica. Luego poco a poco fuimos montando el grupo… Lo que se dice hacer la casa por el tejado. Primero éramos en plan tú vas a ser la guitarra, tú, la batería, tú tal y tal. Y luego ya íbamos rellenando, ¿sabes? Hubo uno de los miembros del grupo que quería ser batería y no pudo porque era negado para el ritmo. Pero fue un poco el conseguidor. Lo que ahora llamamos productor. El que fue consiguiendo ese amplificador, ese micrófono que nos robó de la iglesia, ese…
Ha prescrito, ya lo puedes decir.
R: Bueno, son cosas que tampoco es que saque el pecho con ellas, pero te tienes que buscar la vida. Y sí, así fue. Y luego pues lo de las Vulpes empezó cuando nosotros estábamos ya un poco… yo creo que estábamos más en marcha, sí.
L: Sí, nos formamos en el 80, por ahí, yo por ahí, porque me acuerdo de ir a ver a Snoopy y a esos que tocaban ahí en la Escuela de Ingenieros, había conciertos y eran esos grupos los que estaban. De hecho, a mí me moló mucho ir a ver a Snoopy.
R: Me acuerdo un día de que estaba en la radio, en Portugalete, vino Bolo, que es uno de las grandes almas del rock’n’roll en Bilbao, y con su novia, que era Estibaliz Markiegi, y me dijo: vamos a montar una banda de chicas, se van a llamar las Vulpes, que es Zorras en latín; yo justo iba por letras, sabía que era Zorras en latín, y pregunto alucinado: ¿y vais a montar una banda de chicas? Las cosas como son, Estibaliz estaba cañón. Se hacia ella la ropa. Y además salía con minifalda… Como salgan las cuatro así, ¿qué va a ser eso? ¿Sabes? Una época en la que estábamos todavía más salidos que ahora. Y a mí me llamó mucho la atención la idea esa. Y ahí quedó la cosa, yo no volví a saber del asunto. Y luego hubo un concurso en la discoteca Tope, en Bilbao. Ahora es un gimnasio. Y tocaron ellas y nosotros. Nos clasificamos para la final, ambos inclusive. Pero esa final no se celebró nunca. Se quedó ahí, era una de esas cosas que pasaban entonces en Bilbao. Y luego ya, la siguiente vez que las vi, ya me había enterado de que habían cambiado de formación. En la revista Muskaria ya se hablaba de ellas. Y las vi en Leioa, un día a las doce de la mañana, en un concierto en el que no iban a tocar, pero de repente… Los NO, que era el grupo que iba a tocar, no se presentaron. NO no se presentó.
L: Y estábamos allí nosotras a ver a los NO.
R: Ese día caí rendido a los pies de ellas, porque me pareció la bomba, la bomba total. Fueron divertidísimas. Yo creo que le habíais pegado un poquito al pimple y tal. Y entonces estaban todo el rato vacilando con los gilipollas de los estudiantes que las decían ¡vaya culo que tienes!… Estuvo divertidísimo. Y entonces, a partir de ahí, siempre que podía, las iba a ver.

¿Tú cómo recuerdas lo previo a todo eso? ¿A la formación del grupo?
L: Pues así, como ha dicho Roberto, primero lo compartía con las amigas con las que jugaba. Luego te das cuenta de que esas amigas no les gustaba la música. Eran amigas del barrio. Y luego empecé a salir. Empiezo a ir a Santurce, a discotecas, a Barakaldo… A bailar Status Quo. Y entonces comienzas a conocer gente de fuera, y a todas los que íbamos conociendo les iba diciendo, oye, aunque no sepas tocar, quiero que lo hagas en mi grupo, y todas te decían que sí de primeras, pero luego había que ir a casa y decir a los padres que me tenían que comprar un bajo, una batería, o lo que sea. Y también tenemos que buscar un local, hay que pagarlo y tenemos que ensayar. O sea, nadie tenía dinero. Y bueno, encima una mujer era la que tenía que gestionar todo eso. A mi padre no le sorprendió que le pidiera una guitarra con quince años, porque todo eso estaba ya en casa, la guitarra de mi hermano. El del grupo Zanahoria Eléctrica, que tenía una Framus que había montado él con una pila de 12 voltios, con una distorsión, con un botoncito, me la vendió, me acuerdo, por cinco mil pesetas. Y esa fue mi guitarra.
R: En el surgimiento de las Vulpes influyó M.C.D, el grupo de tus hermanos que estaba ya en marcha.
L: Los ensayos empezaron en casa. De hecho, yo tengo los primeros recuerdos, sobre todo Nico y Bernar, que sí que tocaban en casa y Karmelo se ponía a hacer el bobo. Se veían obligados a tocar conmigo, era su hermanita, yo con mis quince años, los otros con veinte y veintiuno. Y así fue poco a poco, al principio no tenía chicas, era Nico que me apoyaba en los conciertos, Bernar, que se ponía una peluca… Al principio, mi hermana Lupe iba a cantar, no iba a tocar la batería, pero se fue a Inglaterra a trabajar y Bernar se puso a tocar la batería. No tenía ni el apoyo de mi hermana.
Entonces empiezo a buscar, y la primera bajista que encontré fue Susi, que ya tocaba en un grupo, Fase. Fui yo a un local en Deusto con mi guitarra a que me enseñaran cuatro acordes. Tampoco me hacían mucho caso, es normal. Me enseñaban tres acordes, y pasaba la tarde ensayando. Y Nico, que siempre ha sido muy independiente, respiró aliviado por que no tuviera que contar con él todo el rato. Entonces mi hermano Bernar empieza a preparar un poco como batería a mi hermana Lupe, que vuelve, y encontramos a Estíbaliz. Susi fue madre demasiado pronto. Ahora creo que tiene igual como cuatro o cinco hijos. Y claro, ya no podía. Además, ella vivía en Santurce y nosotras ensayábamos en Bilbao. No tenía con quién dejar al hijo. Lo que son las cosas. Y ahí fue cuando entró Ruth, que estaba en Ortopedia Ocular, y también estuvo bastante tiempo. Creo que el concierto de Tope lo hizo ella y Bernar, con Estibaliz cantando, y conmigo a la guitarra. Esa formación sí que hizo actuaciones en directo. Una vez vivieron unos mánagers a nuestro local a hacernos una prueba en el local, que era de 091. Y lo compartíamos con M.C.D. Luego llega Mamen, que ensayaba arriba, Estibaliz se va a estudiar Filosofía… Me dijo que a sus padres no les gustaba nada la banda.
Y solíamos ir a la discoteca La Jaula, y Begoña, que iba mucho por allí, y entonces era hippy, se unió al grupo. Me acuerdo cuando empezamos, que yo le pintaba el bajo. Bueno, ella se pintaba con pintauñas los puntitos del bajo. Y yo le ponía este acorde en rosa, este en azul. Nos divertíamos, era un juego, era una forma de pasar el día.
R: Pero una cosa que ya desde el principio llamaba la atención eran las letras, muy distintas a otros grupos. O sea, el hecho de que fuerais chicas y que las letras básicamente eran tuyas, y que hablaban de conflictos entre madre e hija, de que «No me vengas hablando de amor». Antinovia es un concepto genial: «No solo soy tu antinovia, solo soy tu antiamor»… en una época en la que era todo muy romántico, y esto indignaba a todos. Tú veías las listas de venta de la música y era todo Camilo Sesto, Juan Bau… y entonces eso era un contraste absoluto con el mainstream musical. Entonces eráis absolutamente originales, también en eso, ¿no? Había también alguna canción de rivalidad con niñas pijas de Getxo. Sí, un poco como marcando clase, ¿no? Y la de «Andy es un punk», al fin y al cabo, también se enamoraban las chavalas.
L: Sí, esa fue la crítica de las feministas, porque hablábamos de nuestros novios. La frase esa de «Sexo por la cara», ahí participó Bolo. Es de él, y no mía. Fue un regalo. El repertorio de Vulpes y su manera de expresarse para mí eran el feminismo macarra de ahora, de los, por ejemplo, podcast de Henar Álvarez, pero muy adelantado. Realmente cuando hablaban de ese tipo de cosas, de esa manera no lo hacía nadie más.
R: El feminismo era otro rollo, la Asamblea de Mujeres, por ejemplo, hablaban de cosas muy justas, pero no, no se expresaban así. De hecho, cuando os pasó lo que os pasó, con la Fiscalía, yo creo que la única gente que os pudo apoyar un poco fue la gente de la música y en concreto, de la música de Euskadi. Poco más, alguno también de la UVI. Pero hubo gente de la música también que se puso muy en contra de ellas. Incluso había alguien que decía que era una canción mala, siendo de Iggy Pop.
L: El otro día en mi muro en Facebook alguien decía sobre «Me gusta ser una zorra» que es una cover mala, corta, que la hacen igual que los Stooges. Y le contesto, o sea, a ver, los covers son eso. O sea, estás diciendo que la canción original es la mala porque estas chicas la copiaron exactamente. ¡Que hasta los coros eran igual! Pobre Iggy (risas).
¿El grupo cuánto tiempo duró? ¿Como cuántos conciertos daríais?
L: Conciertos, en total, unos veinticinco o treinta.
Y no ha sido tu único grupo.
L: También estuve en Gazte Hilak, con mi hermano Nico, Estibaliz y Jon Zamarripa, de Cancer Moon. Nico le apagaba el amplificador a Zamarripa cuando se ponía a hacer punteos (risas).
R: Después del escándalo y antes de esa vuelta que tuvieron con el Me gusta Ser (Oihuka, 2006), hubo una actuación también, que estuvo muy bien. Un bolo en solidaridad con la sala El Garaje. Tocaron Kortatu, M.C.D…
L: Nos separamos el día de las riadas. La habíamos pasado canutas, todo fue muy intenso. De hecho, vivíamos en Madrid en una pensión de jueves a domingo. En todos los conciertos hubo problemas. No cobrar, dormir cuatro días en la playa buscando al organizador para que aunque sea nos diera dinero para la gasolina, para echarle al Ford Fiesta y poder volver a Euskadi. Broncas, militares, fachas… Hacíamos bolos en la plaza de toros, conciertos con gente con la que no teníamos nada que ver, con Charol, Azul y Negro… Y la gente pensaba que iban a ver a cuatro tías en bragas, y cuando salíamos cagándonos en todo…
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