Simpático el anestesista. Al ver mis bíceps tan desarrollados me preguntó si practicaba baloncesto. He oído que siempre preguntan cosas de ese tipo para que uno se vaya relajando. Me dijo que me quedaría sopa enseguida, pero siento el cosquilleo del bisturí, je, y sigo despierto. Notó una incisión profunda en mis tripas y una voz alarmada diciendo “¡Qué coño haces, déjame a mí!”. Unas manos hábiles indagan en mis vísceras, es como si me estuvieran vaciando. Ahora las vuelven a colocar, cosen en silencio. Me cubren entero con una sábana traslucida, me trasportan a un cuarto oscuro. No sé el tiempo que ha pasado cuando oigo unos pasos, descubren mi rostro y veo a mi a madre que llora, me besa en la frente, quiero decirle estoy bien, intento hablar, pero no puedo. Me tapan de nuevo. ¿Qué pasa?. Noto que me cambian de sitio, ahora estoy en un lugar más oscuro y hace frío, mucho frío, cada vez más frío. Nooooooooooooo.
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