Regresaste a las rocas,
al abismo de sus grietas,
al cobijo de la cueva.
Me dejaste cubierta de arena
frotándome la sal incrustada en las arrugas
viendo como subía la marea por mi cuerpo
mientras el viento extraviaba tu nombre
y la arena enmascaraba tu rastro.
Me ahogué en oleadas de recuerdos,
entre caracolas rotas que me arañaban los pies
y algas que se ceñían al cuello.
Busqué un por qué entre las fibras quebradas
y las líneas de la mano.
No hallé respuesta que me aliviara,
solo silencio,
un silencio que me fue vistiendo de largo
y me desfiguró el rostro.
Recogí las migajas que dejaste
y arrastrando los pies abandoné esta playa
antes de que oscureciera por completo en mi cerebro
y no pudiera pensar en mí.
Val Marchante
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