Las antiguas sensaciones de un monstruo del asfalto que está al final de su vida siempre me han perseguido, tal como:
Entre a un garaje y dentro estaba él. Correoso, llagado y lleno de espuma, de rabia por no asistir a otros entierros. Hoy era el suyo. Había venido para acompañarle, vestido de gala, aunque sus llantas eran grises y su diáspora de metal le abandonara. Pero decidí abrir la puerta por última vez. Al pasar mi mano por sus asientos rojos, el tapizado se agarró a mis dedos. El brillo felino se detuvo. Ante mí su corazón bullía, con deseos de abandonar, pero aún atado al recuerdo, inexplicablemente dijo:
#Llévame a aquella playa del faro, donde ríen las piedras y los pájaros se alimentan de sal# Y, sin saberlo puse en marcha el motor y con ruido ajeno, pude sortear la policía y el miedo. Le abandone a la tercera duna, delante un lago de sangre azul que le comería sin más.
Luna llena de fieles
Carros y venéreas
Bautizos y bobadas
Mi Chevy canta un sueño. (1)
(1) Los Genes de Mingo.
(Imagen by Miguel Valle de Figuereido)
Enviaseló a tus amigos:
- Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Compartir en Mastodon (Se abre en una ventana nueva) Mastodon
- Compartir en Bluesky (Se abre en una ventana nueva) Bluesky
- Más
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.