ESCENA X
-Enredada 1: ¡Uy, vaya!, quien habrá puesto todo esto por aquí de cualquier manera. Es poco seguro.
-Enredada 2: Tropiezo tras tropiezo el mundo avanza.
-Enredada 1: Que avance, pero no a costa de mis castigados huesos.
-Enredada 2: Deberían vaciar locales y calles de obstáculos innecesarios. (Cierran los paraguas. Aparece el dueño alarmado por el estrépito. Coloca el perchero en su sitio).
-Dueño: ¿Problemas? (Los dos mujeres durante toda la conversación no despegan la vista de sus respectivos móviles).
-Enredada 1: Muchos. En Australia los canguros abandonan a sus crías ante la oleada de incendios que ellos mismos provocan. En las Vegas los casinos, no dejan de dar grandes premios a inmigrantes sin papeles y el presidente asustado los ha mandado cerrar, acusándolos de inmorales. En la Antártida se ha abierto, el primer supermercado de pescado y ha tenido gran éxito, entre pingüinos y focas…
-Dueño: ¡Uh…!
-Enredada 2: No le haga caso, se ha golpeado un juanete con un bolardo antes de entrar aquí y desvaría. Pónganos dos wifis bien cargados.
-Dueño: ¿Cómo dice?
-Enredada 2: Ay, perdone… Que sea solamente uno, a mí me trae un meme sin leche y con sacarina.
-Dueño: (Para si) ¿Y ahora qué?, ¿les sigo el juego? o…Todo sea por el negocio. Veré a ver si me quedan, está semana se han servido mucho. (Se marcha a esconderse tras la barra, sin dejar
de escuchar atentamente, extrañado)
(Los próximos discursos de las dos enredadas se dicen sin apartar la vista del móvil, cada vez más acelerados hasta llegar a un paroxismo final, entrando en trance).
-Enredada 1: ¡No!… La pasada primavera, golondrinas y cigüeñas no volvieron a sus nidos como en años anteriores.
-Enredada 2: Los alquileres de los nidos se han puesto por las nubes en Tokio y en Honolulu.
-Enredada 1: La electricidad en las nubes cambia de intensidad y corriente según su cotización en bolsa.
-Enredada 2: La bolsa de la compra se llena de agujeros negros en Moscú y en Filipinas.
-Enredada 1: Los agujeros negros son insaciables, comen convulsivamente hasta ocho veces cada día.
-Enredada 2: El día a día de un ornitorrinco no está exento de huevos.
-Enredada 1: Los huevos están sobrevalorados, sobre todo si se comen fritos o revueltos.
-Enredada 2: Juntas pero no revueltas, así quedaron las hinchadas, hinchadas antes y después, después de cada partido.
-Enredada 1: Partido en infinidad de fragmentos, así se quebró el meteorito que cayó en solitario, sobre un campo de amapolas.
-Enredada 2: El olor de las amapolas provoca soñolencia e insomnio justo después de la siesta.
-Enredada 1: Así está de tieso el cuello de esta jirafa, que quiso ver de muy cerca, los cráteres de la luna.
-Enredada 2: En la luna de Valencia…
-Enredada 1: Valencia tierra soñada…
-Enredada 2: Tierra a la vista al frente…
-Enredada 1: Frente a ustedes se levanta…
-Enredada 2: Frente a ustedes se levanta…
-Enredada 1: Usted no sabe quién habla…
-Enredada 2: No sabe con quién está hablando…
-Enredada 1: Frente a ustedes se levanta…
-Enredada 2: Tierra a la vista al frente…
-Enredada 1: Valencia tierra soñada…
-Enredada 1 y 2: Ande, ande, ande, la marimorena, la marimorena, la marimorena, la marimorenaaa…(Entran en trance, la cabeza apoyada en la mesa y los brazos extendidos colgando a ambos lados, con el móvil bien sujeto en una de las manos).
(Reaparece el dueño con dos tazas de tila bien cargadas. Las zarandea para despertarlas)
-Dueño: Aquí tienen lo que han pedido. En su justa medida y muy cargado. Lo necesario en momentos como este.
-Enredada 1: (Como despertándose de un profundo sueño). ¿Cómo?… ¡Ah!, sí, bueno…Gracias. (Se miran por primera vez las dos enredadas)
-Enredada 2: No recuerdo nada.
-Enredada 1: La contraseña del wifi.
-Enredada 2: ¿Eh?…
-Enredada 1: En exceso, la contraseña del wifi puede producir: soñolencia, mareos, alteraciones de la personalidad, pérdida de apetito, disfunción eréctil, arritmias y alucinaciones.
-Enredada 1: El precio que hay que pagar por estar conectados. Y aun así, cada vez más gente lo está. ¡Fíjate en nosotras!
-Enredada 2: Somos todo un ejemplo. Y hace apenas un año, ¿Qué sabíamos del mundo?
-Enredada 1: Tan sólo que daba vueltas alrededor de la luna y ¿ahora?…
-Enredada 2: Que el centro del universo está… en Bill Gates y compañía. ¡Cuánto hemos ganado!
-Enredada 1: Sin apenas darnos cuenta. Antes, ¿te acuerdas?, nuestro espacio se reducía al barrio en el que habitábamos. Sabíamos poco, lo que las vecinas nos contaban, cotilleos de mercado y descansillo al calor del brasero bajo la mesa. Las tardes eran largas, como largas las horas del chocolate con churros en el café de la esquina. Tejíamos nuestros sueños con lanas de segunda mano y no importaba si un jersey tenía las mangas muy cortas o abrigaba demasiado. Los fines de semana
abríamos algo más los ojos en una sala de cine; rayo de luz que azuzaba nuestras adormecidas mentes. Y si nos cansaba el silencio o las piernas nos pedían más movimiento, siempre había
una verbena o un baile en cualquier sitio para pasar un buen rato, para apoyar la cabeza en los hombros de un muchacho… a veces nos decían algo.
-Enredada 2: Cuando la música sonaba más alto.
-Enredada 1: No recuerdo que decían…
-Enredada 2: Cosas sin importancia.
-Enredada 1: Pero ahora…
-Enredada 2: Sabemos de todas partes. En todas partes estamos. Tenemos millones de amigos, los seguimos y espiamos. Grabamos nuestros aciertos, nuestros errores también, los colgamos en la red como la ropa lavada. Aireamos los trapos sucios de aquellos que no nos gustan, tenemos poder, lo usamos. Encumbramos o hundimos carreras a nuestro antojo. Somos un poco Dios, no nos avergüenza serlo.
-Enredada 1: Nos falta tiempo. ¿Cuánto hace que no nos veíamos en persona?… ¡Bebe! (Beben ambas, se van relajando).
-Enredada 2: Lo he olvidado. Me entra sueño. (Bosteza)
-Enredada 1: Cierto. Es otra de las contraindicaciones que tienen las redes sociales, agotan… dan sueño. (Bosteza). (Las dos enredadas apoyan la cabeza sobre la mesa y duermen).
(El dueño se acerca a ellas. Mete en los bolsillos de sus abrigos los móviles que sujetan peligrosamente. Retira los platos y las tazas. Cubre sus cuerpos con mantas y pone bajo sus cabezas
cojines. Camina de puntillas sin hacer ruido).
-Dueño: Quien cae
en las redes Tropieza
Quien busca en las redes
Se pierde
Quien ama en las redes
No encuentra
Quien cree en las redes
Se miente.
ESCENA XI
(Son las 20 horas. Ha dejado de llover. Entra el parado con paso firme y resuelto, va directo a la barra, mira a las bellas durmientes, le hace gestos al dueño para que le explique: ¿Qué hacen dos mujeres durmiendo, tapadas con sendas mantas?)
-Dueño: La pesca les ha dado sueño. Víctimas de las redes sociales, no desconectan nunca.
-Parado: Los mares están algo revueltos.
-Dueño: Habla más bajo. Sí… Te veo especialmente alegre. ¿A qué se debe?
-Parado: He encontrado trabajo. Aunque sería más exacto decir que el trabajo me ha encontrado a mí.
-Dueño: La suerte a veces nos llega cuando menos se espera. ¿Se celebra?
-Parado: Te invito. Pon dos vinos.
-Dueño: Descorcharé una botella que tenía reservada para una ocasión especial. (Se marcha a por ella a la cocina)
-Parado: Gracias.
(Vuelve el dueño con una botella y un sacacorchos).
-Dueño: (Leyendo la etiqueta) Rioja, cabernet Sauvignon, gran reserva 2005. Excelente cosecha.
-Parado: No lo dudo. Te doy las gracias, por haberme aguantado tantas noches de borrachera.
-Dueño: No tienes por qué agradecerlo. Hice bien poco. Tú nunca armaste jaleo, no molestaste, no perdiste el sentido, no vomitaste en el suelo. Fuiste un borracho ejemplar. Soy yo el que debiera darte las gracias por haber sabido comportarte en esa situación tan difícil. (Llena dos copas) Brindemos.
-Parado: Por nosotros.
-Dueño: Que la suerte no nos vuelva a resultar esquiva. Que nuestros sueños no caigan en saco roto. (Entrechocan las copas y beben)
-Parado: Recuperaré lo perdido.
-Dueño: No dudo de que lo hagas. Date tiempo.
-Parado: Quiero aprovecharlo al máximo. ¿Otro brindis?
-Dueño: Sí, desde luego. (Llena nuevamente las copas).
-Parado: Por el sargento pimienta y su club de corazones solitarios.
-Dueño: Por el sargento pimienta, Los Beatles y este largo y tortuoso camino. (Beben)
-Parado: ¿Puedo hacerte una pregunta?
-Dueño: ¿De qué se trata?
-Parado: ¿Por qué le pusiste al bar el nombre de “Sargento Pimienta”
-Dueño: ¿Qué edad Tienes?
-Parado: Voy a cumplir los cincuenta. ¿Eso a qué viene?
-Dueño: Déjame que te explique. En el año 1967, pocos meses antes de que yo naciera, “Los Beatles” sacaron un nuevo álbum a la venta, este precisamente: “LA banda del club de corazones
solitarios del sargento Pimienta”, como seguramente sabrás, fue un rotundo éxito, se vendieron millones de copias y durante muchas semanas ocupó el número uno en las listas. Hasta aquí
nada nuevo, una mera introducción para entender los hechos. Yo procedo de un pequeño pueblo de la montaña palentina. Hasta poco antes de que naciera, carecía de luz eléctrica y agua
corriente. Si te ponías enfermo tenías que recorrer 20 km hasta llegar a Cervera, los mismos que debíamos recorrer cada día los niños para ir a la escuela. Mis padres eran muy fans de “Los Beatles”, tenían todos sus discos. Yo crecí escuchando sus canciones y aprendí a tararear sus melodías antes de comenzar a hablar.
Cuando mi madre se puso de parto, más de un metro de nieve cubría las calles y las carreteras estaban cortadas. No fue posible trasladarla al hospital, ningún médico pudo acudir para asistirla;
sólo dos mujeres del pueblo que en algunas ocasiones habían ejercido de comadronas acudieron en ayuda ante la urgencia imprevista. Hubo complicaciones. Las comadronas tuvieron que
ejercitarse a fondo para colocar el bebé en la posición adecuada. La música de los Beatles sonaba para mitigar de algún modo el dolor que era intenso; tal vez fuera el sonido de los acordes de
Sargent Peppers lo que me impulso a salir. Fue lo primero que oí cuando llegué a este mundo, antes incluso que la voz de mi madre.
-Parado: Una canción puede salvarte la vida. A mí me pasó, una vez…Estuve a punto de arrojarme a las vías del tren y…
-Dueño: ¿Qué canción era?
-Parado: “Hoy puede ser un gran día”. No lo era entonces, pero no quise contradecir la letra. Una segunda oportunidad se abría ante mí sin estar nada claro y seguí adelante y no me arrepiento.
Hoy recojo los frutos de esa lucha de años.
-Dueño: Que sea para bien y por mucho tiempo.
-Parado: Creo que nuestras historias merecen otro brindis.
-Dueño: Despertemos a las bellas durmientes y que brinden con nosotros. Quién comparte alegrías las refuerza.
-Parado: Y sí son penas las mitiga. Hagámoslo, pero temo que con una botella no habrá suficiente. Se las ve tan secas.
-Dueño: No es problema. Hay más munición en la recámara. Mañana, ya inventaré una mentira que contente, aunque sólo a medias, a mi esposa. (Se acerca el dueño a las durmientes y hace
soñar las alarmas de los teléfonos. Las enredadas despiertan sobresaltadas y lo primero que hacen es buscar los móviles que sujetan con fuerza).
-Dueño: No se asusten. No han perdido los móviles y tampoco hay fuego. Este amigo que está en la barra, quiere celebrar con ustedes que ha encontrado trabajo. Beban con nosotros, les hará
bien.
-Enredada 1: ¡Cómo no! Podemos hacernos un selfie y colgarlo en Instagram.
-Enredada 2: Déjame que lo haga yo, estoy a punto de llegar a los 1000 seguidores. Mis amigas se morirán de envidia.
-Parado: Hagan las fotos que quieran, pero antes de la tercera copa si no quieren que les salgan movidas. (El dueño trae más copas y otra botella. El parado sirve).
-Enredada 1: ¿Por qué brindamos?
-Parado: Que les parece: Por la perseverancia en aquello que se desea y los frutos cosechados.
-Enredada 2: Largo y pomposo.
-Dueño: ¡Por la vida!
-Enredada 2: Mucho mejor.
-Enredada 1: Y los followers.
-Enredada 2: Sin importar procedencia, raza, estado civil, sexo.
(Los brindis y las fotos se suceden, con poses cada vez más insólitas. El dueño al poco deja de beber pero sigue sirviendo)
-Parado: ¡Por el amor! (foto)
-Enredada 1: Me gusta…
-Parado: ¡Por la libertad, la igualdad y la fraternidad! (Foto)
-Enredada 2: Me gusta, me gusta…
-Enredada 1: Por los sujetadores sin aros y sin costuras. (Foto)
-Enredada 2: Me gusta, me gusta, me gusta…
-Parado: Por los cuerpos desnudos, acariciados bajo el sol y la brisa marina… (Foto)
-Enredada 1: ¡Uau!, me gusta, me gusta, me gusta, me gusta…
– Parado: ¡Por la libertad sexual! (Foto)
-Enredada 2: ¡Uh, me gustaaa!
-Enredada 1: Por los colores chillones, y el chándal con zapatos de tacón. (Foto)
-Enredada 2: ¡Uah!, ¿me gusta? Me gusta, un poquito.
-Enredada 1: ¡Por el derecho a opinar, vestir y sentir libremente!
(foto selfie todos abrazados)
-Todos: Nos gusta.
-Enredada 2: Con tanta foto a mis amigas se les van a hacer los ojos chiribitas.
-Enredada 1: Sobre todo cuando vean lo bien acompañadas que estamos.
-Enredada 2: Seguro que conseguimos muchos likes. Ha sido muy divertido.
-Parado: Un verdadero placer compartir en tan buena compañía, mis últimas horas de parado. La última copa. (Brindan, al entrechocar las copas derraman algo de vino que mancha las
ropas del parado).
-Enredada 1: Vaya, cuanto lo siento, le he manchado. Quítese la chaqueta y mañana se la devuelvo reluciente.
-Parado: No es necesario.
-Enredada 1: No, de verdad, insisto. Es lo menos que puedo hacer.
-Parado: Una mancha más o menos no tiene importancia, me dará suerte, seguro.
-Enredada 2: No contradiga a mi amiga, es capaz de arrancarle la ropa con los dientes. Tiene un carácter…
-Enredada 1: No es cuestión de carácter, es simple justicia. De la misma manera que el que roba, paga, el que mancha, limpia. No hay vuelta de hoja. No hay más que hablar.
-Parado: Está bien, me ha convencido, tenga aquí mi chaqueta.
(Se quita la prenda, la dobla y se la pasa a la mujer). Por suerte no han sido los pantalones.
-Enredada 2: Se los hubiera tenido que quitar igualmente.
-Dueño: Le hubieran confundido con un exhibicionista. Todo un espectáculo. ¡Quizás fuese un reclamo para el bar!
-Parado: ¡O no!…
-Enredada 1: (Mirando la hora en el móvil) Nos tenemos que ir ya, dentro de media hora tengo una video conferencia con mi hija que está…
-Parado: ¿En América? ¿O tal vez en China? Cada vez más gente emigra a un país asiático…
-Dueño: Allí hay trabajo.
-Enredada 1:… En Chinchón.
-Dueño: Buen anís.
-Parado: Suena a chino.
-Enredada 1: Es original y moderno.
-Enredada 2: Pregúntale por las fotos, a ver que le han parecido.
-Enredada 1: Pensará que somos un par de borrachas divertidas.
-Enredada 2: Y modernas.
-Enredada 1: Por supuesto. En fin, nos vamos, gracias por la invitación. Mañana le traigo la chaqueta como nueva.
-Parado: No corre prisa.
-Enredada 1: Me obligo a ello. Aquí se la traeré, ¿o se la llevo a otro sitio?
-Parado: Aquí está bien, gracias. (La enredada 2 al bajarse del taburete donde está sentada da un traspié. Las dos están algo borrachas).
-Dueño: ¿Necesitan ayuda? Quédense sentadas, les avisaré un taxi.
-Enredada 2: Si no es mucha molestia.
-Dueño: Ninguna. (Va a llamar por teléfono. Las enredadas se sientan, se adormilan. El parado saca la cartera para pagar las consumiciones. Entra una mujer a la carrera, nerviosa y agitada).
ESCENA XII
-Mujer: (Al parado) ¿Ha venido alguien preguntando por mí?
-Parado: Nadie hasta ahora que yo sepa. ¿Espera a alguien?
-Mujer: Ya tendría que estar. Habíamos quedado hace un cuarto de hora.
-Parado: ¿Algo urgente?
-Mujer: Sí, sí. Si no viene…¡Me juró que vendría!
-Parado: Le habrá surgido algún problema. Llámele, será lo mejor.
-Mujer: Ya lo he hecho y no me lo coge.
-Parado: Estará conduciendo y no puede.
-Mujer: Tiene manos libres.
-Parado: No tendrá batería su móvil.
-Mujer: Siempre lleva un cargador portátil.
-Parado: Veo que le conoce muy bien.
-Mujer: Demasiado.
-Parado: Siéntese y pida algo mientras espera. Verá como al fin llega.
-Mujer: No tengo hambre.
-Parado: ¿Algo de Beber?
-Mujer: No sé…Es mejor que me vaya. Es inútil.
-Parado: Beba algo. No puede marcharse así.
-Mujer: Estoy cansada.
-Parado: Es lógico. Viene corriendo.
-Mujer: No quería llegar tarde.
(Se acerca el dueño a las enredadas)
-Dueño: Ya les he pedido un taxi. Estará aquí…(Se da cuenta de que se han quedado dormidas). Se han vuelto a dormir, ni que les hubiera picado la mosca esa. (A la mujer). ¿Le sirvo algo?
-Mujer: No sé…
-Parado: Tráele un vaso de agua. ¿No tiene sed?
-Mujer: Sí… Me muero de sed… No tuvo valor.
-Parado: ¿Cómo dice?
-Mujer: Preferiría estar sola.
-Parado: Como quiera. (Se acerca a la barra sin dejar de observarla) ¿Si necesita algo?
-Dueño: Su vaso de agua.
-Mujer: (No le contesta. Bebe. Pensando en voz alta) Es un cobarde. Nunca debí confiar en él. Siempre engañada. Como una colilla que al fin se pisotea. Humo tan sólo y luego…¡nada! No
tengo fuerzas. He quemado una a una todas mis naves. Mis ojos se han secado, ni el alivio de las lágrimas me queda.
-Parado: Perdone señorita que la siga escuchando, pero a menos que me tape los oídos, difícilmente logrará el deseo de estar sola.
-Mujer: ¡Calle!, nadie le ha pedido vela en este entierro. Si habla me desconcierta. Si habla, echa más agua al fuego. Mi corazón se ha de quemar por completo en esta noche. ¿No lo entiende? No
tiene derecho. No tiene derecho… Yo le creí, sabe, cuando él dijo: “Eres tú a la única a quien quiero. Icemos nuestras velas, dejémonos arrastrar hasta donde nos lleve el viento”. Pero el viento del que hablaba, era un viento débil y cambiante.
-Parado: El viento puede ser muy traicionero.
-Mujer: Si no se calla tendré que marcharme. ¡Camarero!, tráigame cualquier cosa que pueda cortar. De repente me ha entrado hambre.
-Dueño: Si le parece bien Le llevo un pincho de tortilla.
-Mujer: Está bien. Con un cuchillo afilado y un pedazo de pan y otro vaso de agua, por favor.
(Por la puerta del local asoma la cabeza del taxista)
-Taxista: ¿Alguien ha pedido un taxi por aquí?
-Dueño: Esas señoras. Espere que las despierte. (Se acerca a ellas, les vuelve a poner las alarmas del móvil. Se despiertan, desorientadas pero alegres y soñolientas todavía).
-Dueño: Nadie las está robando, ni hay fuego en el local. Ha llegado su taxi.
-Enredada 1: Gracias. ¿Una última foto de despedida?
-Enredada 2: (Al parado) ¿Es esa su novia? Parece tan encantadora. Póngase al lado de ella y nos retratamos todos juntos.
-Mujer: Tengo yo acaso cara de novia. Déjense los móviles tranquilos si no quieren que se los estampe contra el suelo.
-Enredada 1: No sé ponga así. Mi amiga no quiso ofenderla.
-Enredada 2: (A la enredada 1). Esta te gana, ¡menudo carácter!
Nos vamos, no hace falta que nos acompañe conocemos la salida.
-Enredada 1: (Al parado) Mañana le traigo la chaqueta a las 8, si le parece bien.
-Parado: Me parece bien.
-Mujer: ¡Váyanse!, ¡váyanse ya! No quiero seguir oyéndolas.
-Enredada 1: Adiós. Y disculpe. (Con las prisas y los nervios se ponen los abrigos confundidos y se dejan los móviles sobre la mesa).
-Dueño: No se olviden a Bill Gates.
-Enredada 2: ¿Qué? Uy, los móviles, que cabeza la nuestra.
(Salen dando traspiés y haciendo eses).
-Parado: No debía haberlas contestado así, ellas no sabían nada. Viven en su mundo. Otro distinto al que usted vive.
-Mujer: Ahora quisiera comer en silencio. Los capullos como usted me dan nauseas.
-Parado: Pues no vaya a atragantarse. (Ella le mira con desprecio). Ya la dejo.
-Mujer: Eso es, haga igual que todos.
-Parado: No la entiendo.
-Mujer: Sea como uno más. Una cara bonita con un corazón de hielo.
-Parado: El hielo lo prefiero en el whisky. (Ella hastiada de las bromas de él, le retira la mirada). Vale, ya me callo.
-Mujer: Eso es. Silencio. Los cementerios son lugares muy tranquilos.
-Dueño: Su tortilla, su vaso de agua y el cuchillo. No se vaya a cortar.
-Mujer: (Para si misma). Un corte limpio en la garganta cuando todos duerman. Inundándolo todo. Borrando de un plumazo las palabras inútiles y los sueños de cristal que al fin se quiebran. Él
tuvo lo que quiso: sus hijos, su casa, su mujer, al fin y al cabo, el orden da lo mismo. Yo…Un corte limpio en la garganta cuando todos duerman… Inundándolo todo… No tengo nada.
-Dueño: (Al parado) No debemos dejarla sola un sólo instante.
-Parado: Debería acompañarla hasta su casa si él no viene.
-Dueño: No vendrá. Conozco a muchos tipos de esta clase.
-Parado: En su caso la noche es como un pozo sin fondo. Hay que hacer lo imposible para que a él no sé asome. ¿Dónde está su familia?, ¿dónde vive?
-Dueño: Ella no nos lo dirá. ¿No sé da cuenta? Solo hay que verla. Está caminando sobre la cuerda floja. Y el vacío la llama como una madre, a su encuentro.
-Parado: No sé si acercarme a ella, hablar con ella, intentar animarla.
-Dueño: Su reacción es imprevista. Puede volverse agresiva. Tiene un cuchillo. Mejor observar sin perder detalle, guardando las distancias.
-Parado: Hagamos como que no nos interesa. Que no se sienta espiada. Ponme otra copa.
-Dueño: Otro vino.
-Parado: Algo más fuerte. Un whisky.
-Dueño: Si no te importa, me tomaré otro contigo.
-Parado: Por qué iba a importarme, este es tu bar.
(La mujer come la tortilla con un ansia desmedida sin levantar la vista del plato. Observa el cuchillo, pone la yema de un dedo sobre la punta, repasa el filo, lo clava en el pan, desmenuza la tortilla, sigue comiendo).
-Mujer: (En voz alta, sin mirar a nadie) ¿Qué hora será?
-Dueño: Las diez y cuarto.
-Mujer: Él… estará cenando en casa, con su mujer y sus hijos, con su sonrisa cínica enmarcada en el rostro, como si nada pasase. Hablando, sin parar de hablar, engullendo al mismo tiempo las
palabras, como látigos en los oídos, como espuma de mar golpeando las rocas. Ha pasado página lo sé, más bien las ha arrancado todas de golpe, sin dejar siquiera una nota al margen… Recibiré un ramo de encargo y una carta deslavazada en la que me pida disculpas, como ya habrá hecho otras veces. Eso obtendré de él, será mi recompensa después de estos años de haber aguantado tanto y
no haber querido ver lo que hoy, parece tan obvio. Será mi recompensa…(Vuelve a mirar fijamente el filo del cuchillo que sostiene con una mano).
-Dueño: ¿Otra?
-Parado: La última. No tensemos la cuerda demasiado… Ella mira el cuchillo insistentemente, ¿te has fijado? Se siente atraída de una manera extraña.
(El dueño sirve las copas)
-Dueño: El frío metal… Apuremos la copa. (Beben). Iré a retirarle el plato, ya ha terminado. (El alcohol va haciendo efecto en sus cabezas, descuidan la mirada, sus acciones son ahora algo
torpes).
-Mujer: (Mira su móvil por si hubiera algún mensaje. Mira la hora. Guarda el móvil en el abrigo, lo coge. Esconde el cuchillo en un bolsillo sin ser vista). ¿Los lavabos?
-Dueño: La puerta de la derecha.
-Mujer: Gracias. (Entra a los lavabos y cierra la puerta)
(Los hombres la miran sin mirarla. El alcohol y el cansancio son malos aliados del que aguarda. De repente y simultáneamente se encienden las alarmas en sus mentes, miran la mesa, descubren
que falta el cuchillo, se miran asustados. De los baños un grito prolongado rasga la incertidumbre del momento. Los dos hombres corren a auxiliar a la mujer. Se van apagando las luces, de fondo se escucha la sirena de un coche de ambulancia).
FIN
@José María Ysmer texto obra de teatro
@Freepik imagen
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