Imagen hecha con I. A.
¿Ingenuo? Tal vez, pero no tonto. Su capacidad de recuperación era pasmosa y lograría atravesar todos los portales hasta hallarla, deseosa y anhelante, tal y como la dejó antes de tener que desaparecer por motivos de trabajo.
La halló dormida; la observó con visible ternura. Era capaz de controlar sus impulsos, pero con ella no podía refrendar sus ansias de satisfacción. Debió de percibir su presencia, pues extendió su níveo brazo hacia él, rozando su mejilla. Le hizo un hueco en su cama, invitándole a compartir lecho con ella.
Él dudó un instante, pero el deseo fue más fuerte que la razón. Se deslizó bajo las sábanas, sintiendo el calor de su cuerpo. La cercanía lo envolvió en un halo de felicidad; cada latido de su corazón resonaba como un eco en su pecho.
Ella sonrió en sueños, y él se preguntó si podía compartirle sus secretos, aquellos que lo habían mantenido alejado tanto tiempo.
Mientras la noche avanzaba, el mundo fuera de esa habitación se desvanecía, y solo existían ellos dos.
M. D. Álvarez
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