Durante una hora busco al desconocido entre al ejército de gente dormida. Quizá alguno de ellos haya despertado de pronto para colocar un disco y haya vuelto a dormirse. Quizá haya alguien despierto como yo y tenga relación con los ojos que siento en mi espalda en todo momento .
Hasta el atardecer bebo aguardiente. Mareado, salgo a caminar entre los durmientes. en la acera Hay tres hermosas jóvenes dormidas. morena, rubia y pelirroja. Me acerco a ellas y las miro con atención. Estamos frente a Calicarros un enorme salón de venta de vehículos en el que trabajé un par de años atrás. Ahora está solitario y desde la calle observo algunos empleados dormidos detrás de los amplios mostradores. Entro al lugar y compruebo que el subsuelo para ejecutivos está abierto. Hay sólo dos hombres sentados en uno de los sillones. Los tomo y los traslado al fondo del salón. Vuelvo a la acera y cargo a la rubia en mis brazos; la traslado cuidadosamente. La aprieto contra mi y para entrar al estrecho ascensor debo a abrazarla
El salón es amplio, tiene seis sofás de cuero muy blandos, y varias mesas. La siento con cuidado en una silla. Vuelvo a la calle, tomo a la pelirroja, la llevo y finalmente traslado a la morena Sus brazos son un poco largos y uno de ellos se enreda en la puerta del ascensor; lo retiro con cuidado. Todo ha sido más fácil de lo que suponía. Miro a las tres, sentadas en un amplio sofá marrón. No lo busqué, pero forman un conjunto perfecto, La pelirroja y la rubia están enfrentadas, mirándose fijamente como si hablaran entre ellas, mientras que la morena parece mirar hacia un costado abstraída en sus propios pensamientos.
El salón es demasiado grande y falta alguien más. En la calle, los durmientes siguen aumentando. Algunos están acostado en la calzada, cubriendo toda la calle. Aunque no escuche ruidos, los carros se multiplican y a la distancia veo que al camión de bomberos en lo de Diosmedes se han unido tres ambulancias. . Selecciono otras cinco muchachas hermosas. A mi alrededor todos siguen durmiendo.
Se encienden las luces de la calle y recuerdo que hay un sistema automático de encendido. Quizá necesite mantenimiento, pero durante varios días puede marchar por sí mismo.
Sigo llevando muchachas dormidas, y cuando llega la noche cuento veinte en el salón. Me aseguro provisiones: galletas, chicharrones y una caja de botellas de aguardiente vallecaucana. De una casa de venta de lencería, selecciono algunas prendas: sostenes trasparentes, batas sugestivas, medias de seda y zapatos de tacón. Una vez en el salón, elijo las más hermosas, les quito la ropa y las visto con ellas. Mi preferida es una vieja de cabellos cortos y marrones, nariz respingada y un voluminoso par de tetas, que tiene un vestido abierto a lo largo del pecho; un par de recortes ocultan sus senos y no usa sostén. La fantasía es que todas ellas forma n mi harén. Les pongo nombres: Peggy, Lucy, Tina y otros tomados de canciones y de películas. Trato de asociarlos y recordarlos.
En el fondo del salón hay un cuarto sin ventans con una cama de dos puestos. Aire acondicionado, dispersores de perfume: una alcoba hecha para que los ejecutivos lleven a sus queridas. Lo abro: está vacío y me ofrece la privacidad que necesito. Tomo en mis brazos a la joven de la nariz respingada y grandes tetas. La llamo Lulú. La deposito con cuidado en la cama, le quito la ropa y yo mismo me desnudo. Antes de acostarme a su lado, bebo largos tragos de aguardiente. Su cuerpo está tibio y respira levemente.
El sueño de la vieja evita rituales innecesarios . Si en condiciones normales me acostara con una de ellas luego de haber bebido, debería lavarme los dientes o comer un dulce mentolado. Además, recurriría a un arsenal de juegos previos, de charlas, de seducciön. Ahora no es necesario. Aquellas bellezas están dispuestas para mí, sin celos, sin suspicacias. No puedo volverlas locas con mis caricias, pero lo que falta lo completo con la imaginación. No están allí mis padres, mis maestros, ni el sacerdote de la iglesia para señalarme con el dedo, acusándome de pervertido. Además, estoy convencido de que si estuvieran despiertas, todas caerían a mis pies. Aquello no es más que adelantar la cosa.
. Desnudo a la chica y vuelvo a observarla mientras tomo otro par de tragos de aguardiente de la botella. Es realmente hermosa, tiene un cuerpo perfecto. Desde los párpados suavemente maquillados hasta los pies con las uñas cuidadosamente pintadas. La acaricio y me quito la ropa. Hay un espejo en la pared que devuelve parte de nuestra imagen. Mientras la penetro miro su rostro; se pone más rojo a medida que avanzo. Hacía tiempo que no tenía un orgasmo tan completo. Mientras visto a la muchacha, siento culpa: he dejado sola a Delia durmiendo en su cama.
Salgo a buscarla. Es de noche, y el alcohol me quita la sensación de que me están observando. En las calzadas hay menos carros y la casa de Delia sigue igual. Subo hasta su cuarto y la tomo con cuidado. En el momento de alzarla, su cabeza cae hacia atrás, pero su brazo sigue sostenido de mi cuello .
Me siento poderoso con ella en brazos y muestro su cuerpo a la gente dormida; al silencio de la ciudad. Nos casaremos en una ceremonia privada. Me imagino a mí mismo caminando por la ciudad dormida con Delia en brazos, vestida tan sólo con su tenue pijama. El dueño de todas las mujeres; el sultán de Cali. En la entrada del salón especial descubro un consola con varios discos. Hago sonar a todo volumen una marcha nupcial en ritmo de raeggeton Luego apoyo a Delia en un costado y muevo los sofás de modo que formen un círculo. En el centro coloco una silla donde deposito a mi novia y la sostengo para evitar que se desplome.
Esta será mi esposa— anuncio con voz grave — frente a ustedes como testigos, nos casaremos y luego nos uniremos en la alcoba del fondo. Con Delia viviré para siempre, al menos mientras dure nuestra vida. Cada noche seleccionaré a una de ustedes para hacer el amor, pero sepan que Delia es mi preferida . No quiero ataques de celos ni peleas.
Delia es frágil y tierna como una pomarrosa; virgen a diferencia de todas las otras. Luego del tercer orgasmo la cargo en brazos y la llevo al salón. Es de mdrugada. . La cantidad de durmientes en la calle ha disminuido. Quizá deba quedarme despierto para ver en qué momento aparecen o se marchan, pero estoy cansado, Bebo media botella de aguardiente y caigo como muerto.
@Gocho Versolari
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
+ There are no comments
Add yours