Qué grande es el mundo y qué pequeño me queda.
Conquisté la Galia, a los belgas y a todo mi pueblo satisfecho.
Con mi espada, en mil batallas, les he concedido un imperio.
Ellos a mí me ofrendaron su gobierno.
Los dioses no se me comparan.
Todo lo he conseguido sin rayos ni tridentes.
Hay más fuego en mi corazón que en la fragua de Vulcano.
Con mis palabras como escudo,
un ejército me ha seguido,
como el rebaño a su pastor, como el perro da la vida,
por conseguirme un palmo más de tierra y alguna vez,
salvar mi cuello de la afilada envidia.
Roma me mira sabiendo que un día más soy su dueño.
Aunque hoy hay algo extraño.
Huele raro el ambiente
(como a musgo y metal)
mientras paseo por la ciudad
este Idus de Marzo.
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
+ There are no comments
Add yours