lunes, mayo 4 2026

NIEBLA by Felicitas Rebaque

 

La esperaba desde hacía varios días mientras contemplaba como se iban desnudando los árboles de hojas. Si las movía el viento, le parecían lágrimas doradas titilando en el aire.  O alas de mariposas balanceándose antes de alfombrar el suelo.

Por la mañana, nada más despertar, Clara se asomaba a la ventana con la esperanza de verla aparecer con su capa blanca flotando sobre el cerro. Pero no, estaba a punto de finalizar noviembre y no había rastro de ella.

La pequeña estaba un poco triste. Se preguntaba qué podía ser lo que causaba su retraso. La inquietaba, sabía que si no aparecía en las fechas previstas tendría que esperar un año más.

Una noche, la luna grande y llena iluminaba su habitación. De pronto, la luz  se fue velando poco a poco, como si alguien la hubiera cubierto con una sábana. A la niña le dio un vuelco el corazón: podía ser una nube que se hubiera interpuesto en el camino de la luna, pero algo le decía que era ella, que acudía a su cita.

Miró por la ventana y la vio llegar. Su amiga, la Niebla, avanzaba despacio por el camino. A su paso, los árboles, las casas, las luces…se desdibujaban cubiertas tras su manto blanco.

Clara la esperó en el jardín sonriendo feliz. La Niebla llegó hasta ella y la envolvió en su atmósfera mágica, en donde hadas y duendes cobran vida, en un espacio en el que cualquier cosa fantástica puede pasar.

A pesar de su corta edad, Clara sabía cuán necesaria era la magia. El mundo de los adultos, más que nunca, necesitaba que sucedieran cosas maravillosas, se lo había oido decir a su papá. No entendía cómo ellos, los grandes, no eran capaces de descubrirla, tan solo tenían que mirar diferente.

 


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