El rugido de las valquirias: entre la servidumbre y la libertad

- El vuelo que no era nuestro
Nos contaron que las valquirias volaban sobre las batallas, con el poder de elegir quién ascendía a los salones dorados del Valhalla y quién se quedaba entre el polvo y la derrota. Nos pintaron como guerreras, diosas del juicio y de la muerte, pero nos relegaron, invisibles, a los pies de Odín. Las valquirias, con todo su poder aparente, eran sirvientas, obedientes a un dios que las utilizaba para reclamar su botín de héroes caídos.
¿Y qué poder es ese, me pregunto, que se otorga con una mano y se retira con la otra? Nos entregaron alas, pero nunca nos dejaron decidir el rumbo. Esta es la paradoja que persiste en la historia: la mujer, glorificada en su fortaleza, pero encadenada al servicio de otro.
- El eco que resuena hoy
Siglos después, el eco de las valquirias aún ruge en las mujeres de hoy. Nos dieron un peso: el del cuidado, el del sacrificio, el del juicio sobre nuestros hombros. Nos llamaron fuertes, imprescindibles. Nos dijeron que éramos el sostén del hogar, de la familia, de la sociedad. Nos dieron un nombre: valquirias, madres, musas, heroínas. Pero en el fondo, seguimos sosteniendo estructuras que no hemos elegido.
Esta paradoja, disfrazada de poder, es una de las raíces que el feminismo actual busca arrancar. Ser fuerte no debería ser sinónimo de cargar con el peso ajeno. Ser libre no debería implicar volar con alas prestadas.
III. Brujas, valquirias y la nueva batalla
Como bruja de la montaña leonesa, conecto con esta historia no desde el mito, sino desde el fuego que arde en cada mujer. La lucha de las valquirias no termina en los salones de Odín; continúa en nosotras, las que queremos romper el ciclo. Hoy, la batalla no es para servir, sino para decidir. No queremos que nos digan quiénes somos o cuál es nuestro poder. Queremos elegirlo. Queremos recuperar nuestra voz y alzarla como un trueno.
El feminismo actual rugirá como las valquirias jamás pudieron. La diferencia es que esta vez, no volamos para otros. Esta vez, volamos para nosotras.
- El vuelo verdadero
Nos contaron que éramos valquirias, pero se equivocaron. No somos sirvientas de ningún dios. Somos brujas, poetas, mujeres que eligen su destino. Somos aquellas que vuelven al bosque para reencontrarse, que sanan las heridas de generaciones y que deciden qué peso sostener y cuál soltar.
Hermana, escucha: las alas siempre han sido tuyas.
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