«¡Para nada me parece que sea yo un preguntón! Además sabes que no es una respuesta lo que ando buscando cuando planteo una de esas cuestiones… (un par de semanas antes se las había arreglado para preguntar si un hermafrodita podría masturbarse en sus dos sexos a la vez, lo que motivó el sonrojo y atragantamiento con pastita de dos señoras que, desde la mesa de al lado, no lograban disimular las acrobacias auditivas que ejecutaban con la maestría de costumbre para captar el mínimo detalle de una conversación que no era suya). Tampoco son ganas de ponerte en un aprieto… te lo enfocaré desde otro ángulo.
A ver: Quien sea, generalmente un conocido o un compañero de trabajo, te recomienda que no dejes de leer la última novela de cualquier autor, o de ver determinada película… y te insiste en cómo el autor orienta los personajes o en determinadas escenas de la peli «ya me contarás si no es emocionante la escena del río, cuando, sin música ni diálogos te lleva a ver el atardecer en unos colores que cómo te cuento» y el recomendante se deshace en apasionados elogios. Él disfrutó de unas determinadas emociones con la visión del film o la lectura del libro y trata de hacer que tú no te las pierdas, pero te lo cuenta desde su sensibilidad, que no tiene por qué coincidir con la tuya.
Cosa distinta es que no seamos capaces de entender que algo que a nosotros nos agrada muchísimo, a otra gente le resulte insulso, pero este es un problema diferente. A lo que voy es a la insistencia en que no dejes de ver, que no te pierdas, que tienes que ir a tal sitio porque hay unos paisajes qué. Y me parece estupendo que quien quiera que sea que encontró algo que le parece bueno, -que indudablemente lo es, desde su óptica, claro- ponga todo el empeño de que es capaz para tratar de convencerte de que tú también. Algunos, razonando medio punto por encima, se dan cuenta de que su criterio no tiene por qué ser el único válido añaden que tal vez a ni pues…pero a mí si que me gustó. Y un montón!
Pues muy bien. Lo que me llama la atención es que en una práctica tan gratificante para todo el mundo –salvo raritos- como la lúdica erótica, nadie, nadie, es decir: nadie, te hace una recomendación en serio. Abro paréntesis: Aquello de sugerir una práctica o ejercicio sacado de un chiste y/o apuntado durante una sesión de levantamiento de vidrio en barra fija, no vale porque solo está destinado a procurarse un par de risas en un rato etílico. Cierro paréntesis y retomo por donde lo dejé y pregunto: ¿Quién o cual de tus amigos/as, incluso de entre los más íntimos, te han recomendado en serio que cuando te entregues al retozo conyugal –al margen de tu estado civil y de tus preferencias en homo/hetero/o…- trates de poner en práctica tal o cual cosa, acto, hecho o posición porque él o ella sí que la han. Y le gustó tanto como así. – Y fíjate que pregunto si te han sugerido que trates de… porque decirte, como para la peli o el libro, no dejes de, sería superextrautopiquísimo o incluso más.
Tampoco se trata de que te describan o lo hagas tú, una noche, tarde, momento de devaneo/encuentro/batalla o acontecer amoroso con pelos y señales, que no es eso. Lo que quiero decir es que a nadie le importa que sus compañeros de trabajo conozcan sus gustos en materia literaria, pero de ahí a que se sepa –ni siquiera el buen amigo con quien se comparte el secreto, la clave o el truco del almendruco para camuflarle un chavo al fisco- cuáles son tus preferencias, hallazgos, logros, proezas (oiga: no exagere!) en las asignaturas del catre, el pajar del sacristán o la sábana de seda… o sea, eso. Que no sé por qué algo que además de ser entretenidísimo contribuye como pocas cosas al bienestar físico y psíquico y encima es gratis no lo compartimos con los amigos. Ejemplo medio de través pero que sirve: Un tipo que desayuna a tu lado en el bar estornuda. Pues no hace falta que te pregunten dos veces para que entones la letanía de puesyocuandomeacatarro… –o me constipo si eres finolis- y le largas la recetaManodeSantoOyes! que te transmitió tu abuela… Pues no se trata de que a cualquiera que encuentres en la cola del bus le hagas saber que anoche cuando tu marido, o tu señora, cuando con el codo le hiciste así, , cruzó una pierna por encima de. Y. Pero orientar a un amigo del que sabes que anda con la capacidad erótica disminuida, aburrida o despistada a que encuentre un par de ritos con lo que amenizar el menú alcobeño debería estar socialmente bien visto e incluso subvencionado. Y sin fines terapéuticos, mejor. Sólo por aquello de la culturilla o para ampliar el catálogo de divertimentos…
..claro que si empiezas a contar tus aficiones epidérmicas, tus bricolajes libidinosos, las tácticas de que te vales y los resultados que obtienen para ti y tu pareja, a lo mejor mía decide que estaría bien experimentar tus habilidades contigo, argumentando ese no se qué del aprendizaje con el maestro. Hay que volver a pensarlo no sea qué.
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