viernes, mayo 29 2026

Aeropuertos por Pilar García Torres

Te dispones a viajar en avión y no sólo tienes que pensar en el tiempo que tienes que estar en el aeropuerto antes del embarque, el que te vas a pasar esperando a pasar el control, en no llevar mucho equipaje de mano porque antes de pasar el control, tienes que desnudarte, desrelojarte, desortijarte, despulserarte, desmelenarte y todos los des que se te puedan ocurrir.

Entonces piensas en la ropa que te vas a poner para no pitar en el arco de la muerte, por supuesto nada de cinturones, nada de botas, nada de sujetadores con aro metálico, nada de… nada. Por qué no nos plantean directamente que si queremos viajar en avión debemos ir como nuestra madre nos parió.

Una vez que has decidido lo que te vas a poner, te dispones con una ansiedad infinita a llegar al aeropuerto y si es verano no vamos mal, ¡ay, amiga! ¿Y si es invierno? Coges tres bandejas, en una pones el bolso y sacas el ordenador si lo llevas, en otra el abrigo, la chaqueta, y un largo etc.

En la tercera los zapatos, botas o enseres similares, y de repente te das cuenta de que además llevas una maleta de mano, por supuesto con las medidas reglamentarias para ir en cabina, y arrancas en una cola enorme como un sherpa, pero te das cuenta de que te falta una cuarta bandeja, ésta para la
dignidad, que a esas alturas ya la tienes por los suelos.

Bien, logras llegar al arco, contenta porque te has vestido para la ocasión y NO VAS A PITAR, ¡¡¡¡¡¡Y una porra!!!!!! De repente oyes el meccccccccccccccccccc y una matrona, generalmente con cara de mala leche se acerca a ti amenazándote con un aparato enorme, que te recuerda a la palmeta del cole, pero electrónica y te la pasa por todo tu perfil, algo arrugado ya, por la falta de dignidad de la que hablábamos hace un rato.

Pero no queda satisfecha y te cachea que parece que buscara el punto g, hasta que llega al aro del sujetador, que inocentemente tú creías que era de plástico, y ves que se dibuja una sonrisa en los labios de la matrona y el guardia civil de turno, como diciendo, ¡¡¡Te hemos pillado lagartona!!!!!!!! ¡Ajá!. Con que sujetador con aros para subirte las tetas ¿eh? Eres una estafadora y ya nadie mirará tus enhiestos pechos porque son de mentira.

Vamos a ver, si yo quisiera que me sobaran a las siete de la mañana, me habría buscado alguien que lo hiciera, pero de mi gusto, y por qué no lo he hecho, porque me tenía que ir a trabajar, entonces por qué tengo que pasar por eso para ir a Barcelona por ejemplo, pues porque hace unos años a los
anglosajones, a todos ellos, les entró la neurosis de los aviones, sin caer en la pequeña cuenta de que ellos habían entrenado y admitido que desde dos aviones volvieran el mundo del revés.

La desazón que sientes es manifiesta cuando llegas al aeropuerto, a mi me ha llegado a producir ansiedad ir a buscar a alguien, y eso que yo no tenía que pasar por el arco, pero tengo la sensación de que en cualquier momento me van a decir, ¡eh tú! a la que se le oye el corazón desde aquí, pasa por el arco, pero por favor, diría yo, si vengo a buscar a un pasajero que viene de…

¿De dónde, de dónde?

¡Confiesa! y me hago pequeñita, pequeñita y no puedo respirar y salgo de allí como alma que lleva el diablo, hasta la próxima vez, que vuelvo a pensar todo lo anterior y dos días antes ya tengo que estar con valeriana.  Pero el día jubiloso en que pasas el arco y no pitas, ¡Jo! Qué gozada sales con una cara de triunfo y altanería por delante de los guardias civiles y los empleados de aena que hacen carreras a ver quién es más borde, pero tu ese día, aunque sólo ese día has pasado sin pitar y eres feliz para el resto del día.

Si te ha pasado a la vuelta, claro, porque si es a la ida, todavía te queda media ansiedad; LA VUELTA.

@Pilar García Torres artículo

@Imagen Pinterest


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