—Hay un balón en la calle —dice Jessy. Y como Javi no contesta se gira hacia él —. ¿No me has oído o pasas de hablarme? —Javi resopla y aparta los ojos del televisor para mirarla.
—¿Y qué? —dice.
—Puede que lo haya perdido un niño —dice Jessy.
—No empieces con eso —dice Javi —. Sólo es un puto balón. —Jessy se toca el vientre, plano y tan vacío como la vida que comparte con Javi. Pero durante un tiempo albergó a su bebé, a su hijo, porque está convencida de que habría sido un niño. Javi vuelve a extraviarse en el televisor, demasiado hosco y envejecido a pesar de que es un año más joven que ella. Empezó a envejecer el día en el que Jessy le enseñó el test de embarazo. Ese día el rostro de Javi se volvió grave y su voz sonó rota y titubeante.
—Somos demasiado jóvenes —fue lo que dijo —. No estamos preparados para atarnos a algo así.
—Ese algo es tu hijo.
—Todavía no es el momento Jess, somos demasiado jóvenes y nos quedan muchas cosas por hacer. —Pero lo que de verdad quería decir es que él era demasiado joven, que todavía no deseaba ser padre, que no quería ese cambio tan drástico y absoluto en su vida. Fueron juntos al médico. Y juntos mataron las esperanzas de Jessy y al bebé.
Ahora es Jessy quien ignora a Javi y se centra en el balón. Rueda por la calle con tanta delicadeza que parece querer provocarla. Javi ríe porque la televisión es lo único que consigue hacerle feliz. El balón se detiene frente a la ventana y Jessy supone que hay un niño buscándolo al otro lado de la calle. Un niño que podría ser su hijo. Toma la decisión de salir a la calle, coger el balón y buscar a ese niño sin importarle lo que Javi pueda decir. Se aparta de la ventana y su mundo salta de lugar y se descoloca porque hay un niño allí, dentro de su casa, mirándola. Tiene las manos pegadas al cuerpo y los dedos están sucios de sangre. Lleva pantalones cortos y sonríe.
—Mami —dice. Y Jessy llora porque es esa palabra la que tanto deseó oír —. Mami, papi está malito. —El niño se dirige hacia la cocina y Jessy le sigue hasta detenerse en la entrada. El niño le coge la mano en un gesto dulce y delicado. Javi está tendido en el suelo, desangrándose, el vientre abierto a puñaladas. Y es extraño, pero lo único que siente Jessy es el calor de la mano del niño.
—Mami —dice el niño —. ¿Quieres jugar conmigo?
—Claro que sí mi amor. —Y salen a la calle para reírse bajo el cielo del verano como una familia perfecta.
FIN.
Enviaseló a tus amigos:
- Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Compartir en Mastodon (Se abre en una ventana nueva) Mastodon
- Compartir en Bluesky (Se abre en una ventana nueva) Bluesky
- Más
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.