Esa mañana desperté sin palabras en la boca, sin imágenes en la mente. Incluso mi cuerpo parecía seguir dormido, como si se negara a participar en este teatro del día. Desayuné en silencio, y me senté frente al escritorio, aguardando algo que no sabía que podía llegar. Pero seguía igual: sin palabras, sin romance, sin sueños, sin esperanza. Ni una brisa de ilusión, ni una pizca de tristeza que desatara los nudos de melancolía que a veces me aprietan el pecho. Hoy estaba fría. Pero, ¿acaso no es la frialdad la forma más honesta de enfrentarse a la vida?
Pensé: soy escritora y no tengo nada que escribir. Y luego me reí, con esa risa amarga que surge del conocimiento de lo absurdo, porque, en mi más profunda contradicción, odio las etiquetas, y, sin embargo, ahí estaba yo, aferrándome a una como un náufrago a un salvavidas.
Luego me pregunté si no sería suficiente simplemente sentir. No siempre se necesita una pluma para ser. Quizás la verdadera hazaña sea traducir emociones, vivirlas con la intensidad de un trago amargo, y dejar que se disuelvan en lo más profundo.
Tomé la pluma y me dije: algo bueno habrá que decir hoy; ya llegará.
Las horas pasaron y mis pensamientos vagaban, como fantasmas perdidos en algún lugar inalcanzable. Dejé caer la punta de la pluma sobre el papel y suspiré, como quien intenta despertar de un sueño que nunca acaba.
—¿Qué diablos estoy haciendo?
No estoy hecha de palabras, no soy un libro. Soy carne, emoción, latidos. Si algo debe ser escrito, lo escribiré. Pero no voy a inventarme, no voy a llenar mi corazón de falsedad, no después de todo lo que me ha costado desprenderme de capas que no eran mías. Tampoco voy a poblar de mentiras los pensamientos de otros. Porque si la mentira es la verdad que alguien necesita creer, prefiero vivir en la incómoda verdad de mi silencio.
Hay palabras que llegan con la explosividad de un relámpago, que exigen ser escritas, y otras que nunca llegan, tal vez ni siquiera existen. Y está bien. La vida, después de todo, es un proceso continuo.
El día pasó entero, y ni una palabra se escribió. El silencio, sin embargo, existió.
@Jessica Sánchez
@Imagen IA
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