El viejo nos ha gritado sus sesenta y tantos años de casado en ese agujero.
Escaleras abajo nos escupía insultos y ruegos. El proceso se ha prolongado durante un calvario
de dos años.
La lectura de la orden me deja siempre la boca reseca.
Prefiero demorarme en el portal, esperar a que escampe y fumarme un cigarrillo. Me fascina la bocanada de humo dibujando cabriolas.
Sigue lloviendo con la rabia heladora que trae febrero.
Miro la agenda. A las diez, calle Matorral, número cinco.
Doy una última calada, larga y profunda, y aplasto la colilla con el zapato.
@Feliciano González
@Imagen Pinterest
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