Lo descubrió observando un retrato de ella, perdido en sus intensos ojos verdes, y lo abordó cuidadosamente. Nunca había visto a un licántropo al que le gustara el arte.
—Veo que te gusta mi cuadro —dijo ella, situándose a su lado—. ¿Qué es lo que te gusta más?
—La pasión que tienen las pinceladas, su intensidad, los contrastes, la capacidad de transmitir la calma en sus ojos verdes —dijo él, dándose cuenta de que tenía a la autora y musa de aquel cuadro.
—Gracias por tus palabras —dijo ella, observándolo de reojo.
—¿Te parece raro que un licántropo entienda de arte? —preguntó él con delicadeza.
—No soy quien para juzgar el corazón de mis seguidores —respondió ella, azorada. Tenía razón, lo estaba juzgando por su apariencia.
—Te lo compro si me dejas invitarte a un café en una cafetería aquí cerca —dijo él sutilmente.
—¿En serio, me lo comprarías?
—Tienes mucho talento y me gustan tus lienzos.
M. D. Álvarez
Imagen generada por Luzia
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