No puedo verla pero sé que ella está aquí, su perfume y el suave ruido de sus pies cuando se sienta sobre mis piernas la delatan, es inconfundible su aura, su esencia, sus escritos fantasmas potenciando otras escrituras, su sonrisa que todo lo ilumina me muestra el camino.
Ella me rodea el cuello con su mano izquierda mientras observa con detenimiento lo que escribo, lo hace con mucha seriedad, con una postura sagrada y solemne, porque cuando una mujer se comporta así, es porque sus ojos se están enfrentando a algo grande, largamente esperado e importante para ella y no lo quiere perder ni hacerlo esperar.
Ella se retira hacia atrás los cabellos de ébano con esa delicadeza y personalidad que tiene para enfrentar la vida y toma las páginas entre sus hermosísimas manos de marfil, pobladas de bellos anillos de promesas, y sus pulseras de plata tintinean suavemente como anunciando algo bueno que está por suceder y se deja llevar extasiada por un río de palabras de amor donde se ahoga por momentos y aunque no quiere salvarse, vuelve a emerger otra vez para respirar y enfrentar la vida que a veces duele pero siempre es bella, y viaja sin parar a todos los lugares del mundo donde fue feliz con las palabras que alguien supo construir para su demencial amor, para salvarlo de las viejas tinieblas del dolor.
Sabe que alguien está haciendo literatura con su alma, con su voz ,con su sonrisa, no con su cuerpo y su desnudez que el mundo ignora. Levanta las páginas y cambia los puntos de lugar, sugiere no perder el ritmo, la tensión de la forma de respirar, perdona las comas y besa los signos de interrogación que la ponen contra la pared con esas preguntas letales que nunca queremos responder.
Le gusta la música que escucha cuando lee, sabe que escribo para ella porque ella me hace escribir así, a veces suspira, a veces no y tiene una paciencia dorada para soportarlo todo, sus ojos leen con una paz de enamorada, su corazón late como el galope de un caballo feliz bajo los campos desiertos de la noche ,ella tacha excesos, suprime verbalizaciones innecesarias, ordena todo señalando errores puntuales con sus bellas y largas uñas moradas de reina del mundo. Por momentos desaparece como las ilusiones pero es lógico, una reina tiene muchas obligaciones y yo la sé comprender.
Pero siempre vuelve, siempre está, se me aparece de repente cuando más la necesito y pinta mis manos con su tinta azul de enamorada, haciendo que sus besos de papel transformen mi vida y que todo en el aire se diluya y pueda rozarla solo por un segundo, más que suficiente para amarla.
Ella está aquí y me mira y hace que los sueños sean solo fechas postergadas que solo él tiempo puede concretar aunque ya sabemos los dos como terminará siempre la historia, el capítulo final que siempre nos dará la oportunidad del romance eterno que nunca debe terminar.
Escribe conmigo todas las noches, nunca deja venir y se va sin avisar solo para que la desee y la extrañe siempre, para que la luna le cuente que estoy pensando en ella a través de la noche azul de su ventana.
@Jesús María Cello.
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