Relato incluido en Relatos de una Adoratriz
No, no hacen falta palabras, aunque a veces nos empecinemos en la absurda necesidad de tener que escuchar aquello que nos están diciendo en silencio.
No, no necesito palabras, tengo su beso en el empeine de mi pie derecho, el recuerdo de su beso en aquella tarde que hacíamos el amor.
No, no necesito palabras, tengo aún la conciencia de su mano, del peso específico de su mano, del roce de su mano deslizándose por mi pierna derecha, mientras yo iba conduciendo.
Y tengo un diccionario entero en sus miradas, esas que me cuentan, que me hablan de deseo, de piel, de sueños, de sexo… de amor.
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