Los poemas son humo enlatado
en un habitáculo sospechoso
lleno de versos grises
o de primaveras inconscientes
pálidas y despeinadas.
Palabras que flotan imbuidas
de filosofías con disfraces llenos de alma
recorriendo caminos
sobre aguas cenagosas
en busca de lo no imaginable
de la belleza que subyace en la oscuridad
rellenando páginas con lengua de nube.
Tensas venas
en dirección hacia lo misterioso
abren el alma a un acantilado
donde la dignidad de lo posible
llega a la frágil soledad
del grafismo convertido en verbo.
Aire viciado donde la duda germina
en la niebla opaca de un sentido disfrazado
de interioridades que golpean
la cabeza arrastrándose
hacia cielos despeinados.
Unos dicen que la lengua
coloniza la mente
otros que la virtud intermitente
es el camino que cubre cada imagen
escarchada y sin retorno.
Es una espiral de horario imposible
decadente en los desfiladeros de la rutina
cuando la ignorancia en el límite de lo ajeno
intenta dominar lo que no le pertenece.
Dibuja la duda, en este eterno andar:
un abismo oscuro, donde el ser se adentra,
y en cada palabra se consagra
la tinta de la sangre en hambrientos surcos
de lo que no se habla.
@José Valverde
@Imagen Pinterest
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