Es la hora de ser valientes.
Ya sé qué hace mucho tiempo
te debo esta conversación.
La diferencia de edad
nos marca la distancia.
Me acuerdo cuando
teníamos veinte años
con esa imagen fresca,
ese vestido azul y
la cintura de actriz,
los pechos en su sitio,
los brazos bien torneados
y la tripa plana.
¡Qué recuerdos!
Ahora es otra vida,
el paso del tiempo
ha hecho mella en
nosotras,
pero no te olvides
de que de aquellos barros
estos lodos.
Seguimos siendo nosotras
muchos años después.
Antes ardíamos en brasas,
ahora están casi consumidas,
nos las hemos bebido.
Envejecemos lentamente.
Fuimos y somos felices
porque nuestro vaso
nunca estuvo medio vacío.
Hemos vivido tantas tormentas
tantas noches estrelladas
que ya no las recuerdo todas.
Ahora, mientras habito
en esta etapa de nuestra vida
-quizás la última, nunca se sabe-
siento el tiempo diferente,
ahora ya no es tan inalcanzable
la señora paciencia.
Nuestra sangre ya es
menos roja y más azul
envenenada de vida
atravesando venas de hormigón
amasado con tantas
heridas sin curar.
Nos hemos solidificado
tan deprisa que casi olvido
cuando teníamos veinte años.
Solo quería recordarme.
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