El hombre moderno, lo que todo el tiempo llaman el hombre moderno, no existe. Es el mismo animal que ha sido siempre, pero ahora sin tiempo para nada, aterrorizado, desesperado por sentirse útil. El hombre moderno es la maquinaria que lo empuja, es el efecto antropológico de las deudas. Decimos que el progreso ha desbaratado la urgencia, pero tendríamos que vernos detenidamente, observar nuestra marcha incesante de hormigas amaestradas.
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