Supongo que no es cuestión, únicamente, de coraje, sino de convicción. Los discursos, cuando se pronuncian desde la razón y la emoción –que no son incompatibles-, sientan un precedente que se recuerda y se toma como punto de partida para ciertos “imposibles”. A menudo, aquellos que calificamos como reivindicativos suelen percibirse como una provocación, pero tampoco ello significa que sean negativos o inapropiados. Sarah Polley (Toronto, 1979) hizo sentir incómodos a algunos sectores de la industria en la última gala de los Premios Oscar (2023), cuando recogió la estatuilla de «Mejor Guion Adaptado» por su película Ellas hablan (2022), al decir: “Quiero agradecerle a la Academia por no ofenderse con que las palabras ellas y hablan estén tan juntas”. Y es que, cada año, son notables las ausencias y, en su caso, la poca representatividad femenina en categorías concretas, como la de dirección y la de guion (original o adaptado).
Volviendo a la película de Polley, que también ha dirigido, ha sido reconocida con otros galardones y nominaciones en los Globos de Oro, el Festival de Toronto, el American Film Institute, la National Board of Review, el Critics Choice Awards o la Asociación de Críticos de Chicago, entre otros. Está basada en el libro de Miriam Toews, que lleva el mismo título, y su reparto está compuesto casi exclusivamente por mujeres, como las actrices Rooney Mara, Claire Foy o Frances McDormand; aunque este hecho no debería sorprendernos, ya que existe un número cuantioso de films -que forman parte de la Historia del cine- donde tan sólo aparecen hombres. Un ejemplo es Lawrence de Arabia (Lean, 1962), una obra maestra que aúna dirección, guion e interpretaciones memorables, como la de Peter O´Toole, Omar Sharif, Alec Guinness o Anthony Quinn. Sin embargo, más allá de estas puntualizaciones, aclara que está hecha para todos los seres humanos, pues habla de la capacidad de cambiar las cosas y de la habilidad de mirar hacia el futuro.
A la cineasta, dedicada a la crianza de sus hijos y tras diez años sin dirigir, tampoco le apetecía involucrarse en la exhausta vorágine de un rodaje; pero esta novela la conmovió nada más comenzarla y su autora se mostró abierta, generosa, le dio libertad para que trasladara su historia a la gran pantalla. Sarah Polley tuvo claro desde el inicio que había que rodar estableciendo un horario distinto al habitual, para que todos pudieran pasar tiempo con sus familias y seres queridos. De lo contrario, probablemente, este trabajo nunca hubiera llegado a ver la luz. Aparte de este gran acierto, tampoco ignoró la intensidad de las escenas y la necesidad de que las actrices se movieran en un entorno seguro, en el que pudieran tomarse un descanso y dejar aflorar los sentimientos en el momento más oportuno. Por ello, incluyó a una profesional poco habitual en estos entornos: una terapeuta. De este modo, se creó un ambiente cómodo y eso siempre es extraordinario.
Su debut como directora se remonta a 2006, con Lejos de ella, basada en un cuento de Alice Munro y con Julie Christie como protagonista. En 2011 se estrenó Take this Waltz, escrita por ella misma; y un año más tarde, el documental Stories we tell, en el que examinaba los secretos de su propia infancia. En 2017, después de emplear un lustro en la adaptación de la novela Alias Grace (Margaret Atwood), produjo una miniserie conservando el título original. Todas ellas recibieron excelentes críticas y distinciones en Toronto, Venecia y Estados Unidos.
Su primera aparición cinematográfica fue con cuatro años, en Navidades mágicas (1985). Con nueve, Terry Guillian contó con ella para Las aventuras del barón Münchausen (1988). Después, continuó actuando en series de televisión que la hicieron muy conocida. Pero Sarah, desencantada con Disney, abandonó temporalmente a la productora. Tras esta etapa, siendo apenas una adolescente, se centró en la política de manera activa y se implicó en varios actos de protesta contra el gobierno conservador de Mike Harris.
Isabel Coixet la eligió para dos de sus proyectos, Mi vida sin mí (2003) y La vida secreta de las palabras (2005). A partir de entonces, decidió dedicar parte de su tiempo a trabajar con un grupo canadiense que da apoyo a víctimas de torturas. Con Jaco Van Dormael asumió el papel de Elise en Las vidas posibles de Mr. Nobody (2009). Anteriormente, junto a Jessica Lange y Sam Shepard, participó en Llamando a las puertas del cielo (Wenders, 2005). En total, ha rodado como intérprete más de una treintena de películas y alrededor de una decena de series televisivas. A esta trayectoria hemos de añadir sus experiencias como guionista, directora e, incluso, cantante, pues colaboró como vocalista en algunas canciones de El dulce porvenir (Egoyan, 1997). Esta última película la catapultó como actriz revelación con el papel de Nicole, pero no era la primera vez que aceptaba una propuesta de Atom Egoyan. En 1994, en el thriller Exótica encarna a Tracey Brown, una niñera que es contratada para cuidar a unos chicos que no existen. La cinta optó a la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes.
Sarah es hija de los actores Michael y Diane Polley. Su madre murió cuando ella era una niña y, siendo adulta, descubrió que su padre biológico era el productor Harry Gulkin. Siempre ha estado ligada al mundo de la interpretación, pero ha sabido trazar su propio camino. Es una artista que desarrolla multitud de facetas con inteligencia, sensibilidad, dedicación, intuición y honestidad. Su talento podemos encontrarlo delante y detrás de las cámaras, pues no le preocupa solo el producto final, sino el bienestar del grupo humano con el que trabaja.
María Rodríguez Velasco. Escritora y actriz.
Nace, crece y, actualmente, vive en Aceuchal, un pequeño pueblo de la provincia de Badajoz. Licenciada en Psicología por la Universidad de Salamanca y Máster en Neuropsicología y Educación por la UNIR. Colabora en la revista cultural digital Amanece Metrópolis reseñando obras de teatro, novelas y poesía; también, ha participado escribiendo relatos cortos en la sección de bloggers de la Editorial Acto Primero. Es integrante de la Asociación Acebuche-Teatro desde hace más de una década y ayudante de dirección en su cantera infantil. Ejerce profesionalmente como orientadora en los Equipos de Orientación Educativa y Psicopedagógica de la Junta de Extremadura, en diversos centros. Apasionada del cine, la música, la lectura y el teatro, que le han aportado sosiego, sentido común y horizontes infinitos donde proyectar sueños y realidades posibles. La interpretación y el escenario le han permitido viajar lejos y profundizar en las entrañas de muchos personajes; en definitiva, explorar la inteligencia emocional.
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