La coeducación es una concepción de la educación que busca la igualdad entre alumnos y alumnas en la escuela y en la formación que reciben en ella. Con otras palabras, es la aplicación de la teoría feminista, que no busca otra cosa que la igualdad de derechos, a la educación.
No ha sido fácil para las mujeres el acceso a una educación que le permitiera tener las mismas oportunidades que disfrutaban los hombres, como no ha sido fácil el camino para conseguir una igualdad de derechos plena. Baste recordar cómo, en 1791, Olympe de Gouges fue asesinada en la guillotina por pretender que el contenido de la Declaración de derechos del hombre y del ciudadano fuera aplicado también a las mujeres.
En España la situación fue y es también difícil. En 1822 había 7.365 escuelas masculinas y solo 595 femeninas. En 1842 Concepción Arenal asistió durante tres cursos vestida de hombre a las clases de Derecho de la Universidad Complutense, pero sin poder cursar la carrera, ni hacer exámenes ni conseguir ningún título. Alguna puerta comenzó a abrirse cuando, en 1857 se aprobó la Ley Moyano, que establecía la escolarización obligatoria de las niñas. Sin embargo, en los grados elemental y superior de la enseñanza de las niñas se suprimían, entre otras materias, la Geometría, el Dibujo lineal, la Física y la Historia natural, sustituyéndose por Labores propias del sexo, Dibujo aplicado a esas labores y Ligeras nociones de higiene doméstica. Todo ello iba encaminado a conseguir que fueran buenas esposas y madres.

La aparición en 1876 de la Institución Libre de Enseñanza (ILE) supuso un avance en el campo de la coeducación. Fue creada por un grupo de catedráticos, entre los que se encontraban Francisco Giner de los Ríos, Gumersindo de Azcárate o Nicolás Salmerón, que fueron separados de la entonces llamada Universidad Central, germen de la que luego se llamaría Complutense, por defender la libertad de cátedra, que había sido prohibida en 1875 por un decreto de Cánovas del Castillo. El proyecto de la ILE sería apoyado luego por eminentes intelectuales, como Ortega y Gasset, Marañón, Menéndez Pidal, Antonio Machado, Sorolla o Ramón y Cajal. La ILE defendía la coeducación, porque no hay fundamento para prohibir en la escuela la comunidad en que uno y otro sexo viven en la familia y en la sociedad.
En 1910, Emilia Pardo Bazán, nombrada Consejera de Instrucción Pública y siguiendo las ideas de la ILE, intentó la implantación de la enseñanza mixta en todos los niveles de la educación española, pero su idea no llegó a prosperar. Lo haría en 1931, con la Segunda República, pero posteriormente el franquismo volvería a prohibirla, salvo en la enseñanza universitaria. Hubo que esperar a 1970 para que la Ley General de Educación la implantara con carácter general y niños y niñas pudieran estudiar en el mismo aula.
La enseñanza mixta lo que hizo fue considerar como común a niños y niñas el programa de los niños. Con ello la enseñanza se masculinizó, huyó de toda idea de igualdad y no extendió como común nada de lo que hasta entonces habían estudiado las niñas. Se perdieron así elementos educativos útiles, porque buscaban la autonomía en la vida cotidiana, como saber cocinar, coser o cuidar y limpiar el aula.
Pero la escuela mixta dejaba fuera de sus objetivos, por ejemplo, no reproducir los estereotipos de género que existían tanto en la escuela como en la sociedad, incluir entre los contenidos el estudio de la obra de las mujeres que habían sido importantes a lo largo de la historia o tratar temas como la igualdad de derechos, el respeto como valor fundamental o la necesidad de eliminar la violencia de género. Estas metas de la coeducación eran ajenas a una escuela simplemente mixta.
Una escuela coeducativa debe eliminar el androcentrismo (ver el artículo correspondiente a este término en este blog) que pueda haber tanto en los contenidos como en las actitudes y los métodos de todos los integrantes de la escuela. Han de salir a la luz, por otra parte, las mujeres valiosas que existen y han existido, con sus logros y sus aportaciones. Tiene que recuperar los saberes que han sido subestimados porque el machismo tradicional los consideraba como cosas de niñas, pero que, sin embargo, ayudan al desarrollo integral de unos y de otras. En una escuela coeducativa hay que analizar críticamente los estereotipos de género existentes, así como conocer la violencia de género que se da en la sociedad, para estar preparados frente a ella e intentar erradicarla. Se debe ayudar a los alumnos y alumnas en el descubrimiento de su identidad de género, para evitar que se encuentren solos si aparecen problemas como trastornos en la alimentación o disforia de género. Por último será necesario que reciban una adecuada educación afectiva y sexual, que les aclare el valor del amor y de la amistad, que evite situaciones de agresión o de acoso, que le dé importancia al consentimiento y les informe sobre sus derechos al aborto o al uso de métodos anticonceptivos, y a estar informados sobre cómo desarrollar su actividad sexual o sobre las enfermedades de transmisión sexual.
Estos objetivos aún están por cumplirse en demasiados casos. Sería deseable que tanto profesores como padres y madres tomaran conciencia de que sin ellos, la educación será incompleta y perjudicial, tanto para los alumnos como para las alumnas.
Manuel Casal (San Fernando (Cádiz), 1950) es licenciado en filosofía por la U.C.M. y Catedrático de filosofía de Enseñanza Secundaria. Ha publicado varios libros explicativos de los textos propuestos para las pruebas de acceso a la Universidad, así como el titulado En pocas palabras. Aforismos. Ha participado en otros trabajos colectivos de diversa temática, como Mensajes en una botella, Ángel de nieve, Espíritu de jazz o El oasis de los miedos. Colabora en revistas y periódicos y mantiene el blog Casa L, en donde se reflexiona sobre asuntos de actualidad.
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