Con agua y barro en la madera,
las madreñas se muestran orgullosas
en las orillas del felpudo
en que se quedan
delante de esta puerta, a la espera
de que regrese su dueño.
No hay motivos para sentirse abandonadas
y sin embargo en ellas hay atisbos de nostalgia;
de los caminos recorridos bajando de las nubes,
de las montañas,
siguiendo el curso de los ríos cimbreantes,
de los rebaños de vacas
que amaron cuanta leche dieron sus ubres,
que tienen en medio de la noche
una apariencia de luna en los establos,
donde duermen o imaginan
otros prados, que quizás, quizás,
no sean verdes.
Hay tanto ayer en la madera enmudecida,
tanto recuerdo y olvido acumulado
que para no asustar a este hoy desprotegido
caminan despacio estas madreñas,
sin apenas dejar huellas, por el suelo
que transitan.
@José María Ysmer
@Imagen Pinterest
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